Alan Rosas
Poeta recién llegado
En las grises eras.
Voy cargando mi propio peso,
como mula que sobrecargan
después de un presagio apocalíptico.
Voy con los pies trajeados,
teñidos del polvo que se asió por el camino,
como guerrero que se empuña de su espada,
para penetrar de torso a lomo
a su rival maligno.
Pues llevo los hombros sobrecargados
como lo que carga el Atlas.
Araño las paredes a mi paso con los dedos
pero no les causo dolor alguno,
como para dejar la marca
que hubo otro entre otros.
Me ahogo con los aires
que trago en el camino,
y casi sé a qué sabe el mundo entero .
Cuelgo mis anhelos en las nubes
y que se destilen por un momento.
Aunque sea un momento,
quiero estar contento
al verlos.
Pero voy con las manos en los bolsillos
apachurrando las musas,
como paisano que no brinca la barda.
Aprieto mis manos
en posición de puño,
como para que las penas
se me marquen en los nudillos.
Y con el lomo encordado,
como para posición
de quebranto melancólico amargado.
La mirada la tengo hurgando el suelo
como penetrando el alma del mundo,
como el caballero que busca su valentía
desvainando su espada contra el carcelero,
su engendro rival de castillos.
Y se postra en el regazo de su doncella
tocando tan siquiera la punta de sus pies,
para buscar consuelo.
Y promete amor verdadero.
¿Y mi sombra?, me acompaña,
la veo, y veo como llevo la greña.
Pero mientras tú y yo caminamos,
voy tapando el cielo con un dedo,
para verte un rato,
y ver a que sabe el universo entero,
con tu atavío de lo que era la perfección para Dios…
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