Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
PINTURA FRESCA
Difuminación de la luz sobre las hojas,
lámparas enquistan los temores en las sombras;
es otra vez el modo de la inquina provocando
labias que derritan en silencio los goces
en que puro el cuerpo se tiende
advirtiendo redondeles en el fuego.
Viene, llega, la forma de la espera,
un tizne de rabia acumula el tedio
y mancha con nublados escozores el orbe.
Trazos perpendiculares
caen incómodos sobre el alba,
desesperada
quiebra el ramaje, la inocencia,
y deja albúminas en las puertas,
en las calles de apretados ademanes
y gestos a los que no necesitan de palabras
asestando golpes con violencia interna,
el terco paroxismo de lavativas y aguamasas.
Trazos ampulosos de luz sobre las verjas
y un difunto aroma a flor de roble
en este invierno eternizado entre los árboles,
pintura fresca
en el acomodo rectilíneo de otro año que termina.
Difuminación de la luz sobre las hojas,
lámparas enquistan los temores en las sombras;
es otra vez el modo de la inquina provocando
labias que derritan en silencio los goces
en que puro el cuerpo se tiende
advirtiendo redondeles en el fuego.
Viene, llega, la forma de la espera,
un tizne de rabia acumula el tedio
y mancha con nublados escozores el orbe.
Trazos perpendiculares
caen incómodos sobre el alba,
desesperada
quiebra el ramaje, la inocencia,
y deja albúminas en las puertas,
en las calles de apretados ademanes
y gestos a los que no necesitan de palabras
asestando golpes con violencia interna,
el terco paroxismo de lavativas y aguamasas.
Trazos ampulosos de luz sobre las verjas
y un difunto aroma a flor de roble
en este invierno eternizado entre los árboles,
pintura fresca
en el acomodo rectilíneo de otro año que termina.
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