danie
solo un pensamiento...
Sobre el manto de oscuridad
que apenas pernocta en las sombras
que destila el cuerpo,
contrariando a los faroles
de la acera nocturna,
cautiva la asidua noche universal;
seductora imperecedera de los arrabales
despojados de un terrenal mundo;
un buido sentimentalismo del ángelus
pondera al crepúsculo,
las campanadas silbando un sollozo gélido
en la constante del tiempo,
las inmemorables marchas de las borceguíes
en la reminiscencia de la historia de los hombres,
los cinceles esculpiendo nombres sin rostro
en las lápidas de los olvidados sueños,
los ideales utópicos derrumbados en las barreras
de un arcaico y taciturno pasado:
son solos las estampas de un presagio
que se encamina a las ruinas de nuestros semejantes
y su época fenecida
En la íntima confusión ecuménica
de una ráfaga de luz perdida en su injuria,
se oye el vaticinio trémulo
de la madrugada luctuosa que vigila
a los contornos abatidos del ámbito que recorre la orbe.
Indiscretas sombras que residen
a los contornos abatidos del ámbito que recorre la orbe.
Indiscretas sombras que residen
en los sucesos del legado de nuestros antecesores,
bajo el esbelto y fascinante emblema de la noche
que se amedrenta por la inminente alborada:
resucitan los sedimentos de la hipótesis,
teorías y conjeturas de que el hombre
al igual que el cosmos,
llegando a su máxima culminación,
declina a un estado remoto
antes que la misma primordial luz,
la doctrina labrada en otra iluminación
y su ocultismo que avala a la cávala del irascible colofón
que doblega la razón.
Lapso en que la quimera y obstinado savia fluctuosa,
médula de la vidorria, se fisura y resquiebra
por la emisión de la descomedida noche y su persuasión,
sobre el apogeo de nuestra propia mano que enmudeció la voz,
acaecido paso, vigente y ulterior de los hechos
que avergüenzan la cognición humana,
evocaciones oscuras y lastimeras
para la excomulgación de las sergas precedentes,
épocas en que un Dios
puede destruir lo que tan fácilmente creó.
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