Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
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De la oscuridad salen los fantasmas carecientes de forma,
sueña mi cerebro las pesadillas con las que nadie se conforma,
un pensamiento lúcido que la mente abraza -
es un delirio y una amenaza;
llenos de sangre, miran los ojos a lo lejos
y el viento abre las ventanas,
rostros muertos tienen los espejos
y las velas dejan sombras en las paredes.
Se oyen llantos, risas y gritos;
bailan las almas y descienden al olvido -
y mientras tanto, el día demora...
Pero muy pronto se acabará la fiesta;
cuando el sol venga a destruir los castillos de noche,
sepultará los sueños bajo las alfombras -
y no dejará ni un rincón de escondite
para aquellos que en sí mismos buscando la sombra,
se pierden entre los senderos del mundo...
Apagar ya quiere la vida este fuego moribundo
cuyo ardor el corazón siente - ¡en cada latido!
En cada suspiro suyo hay cierta añoranza;
vuelo silente, música sonora, tempestad alegre y tristeza sin sentido...
Pero aún vive - siempre pescando esos pequeños placeres
entre la agonía de los días; entre cielo e infierno,
frío de la nieve en la que viste
el calor de sus sentimientos...
Atado el espíritu al peso de los huesos,
aún no se levanta de la tierra - pero vive en un país sin regreso,
envuelto en la niebla, sin ser visto por nadie;
ni es ángel, ni siquiera un demonio -
tan sólo una existencia quebrantada, una mente del letargo despierta -
vagante en los caminos, flor de rara belleza - una rosa muerta,
la cual conoce todos los encantos y todos los dolores de la existencia;
la pesadumbre de este andar ciego, la libertad sin fronteras -
y el cautiverio en que la tiene su condición humana.
[09/09/2013]
De la oscuridad salen los fantasmas carecientes de forma,
sueña mi cerebro las pesadillas con las que nadie se conforma,
un pensamiento lúcido que la mente abraza -
es un delirio y una amenaza;
llenos de sangre, miran los ojos a lo lejos
y el viento abre las ventanas,
rostros muertos tienen los espejos
y las velas dejan sombras en las paredes.
Se oyen llantos, risas y gritos;
bailan las almas y descienden al olvido -
y mientras tanto, el día demora...
Pero muy pronto se acabará la fiesta;
cuando el sol venga a destruir los castillos de noche,
sepultará los sueños bajo las alfombras -
y no dejará ni un rincón de escondite
para aquellos que en sí mismos buscando la sombra,
se pierden entre los senderos del mundo...
Apagar ya quiere la vida este fuego moribundo
cuyo ardor el corazón siente - ¡en cada latido!
En cada suspiro suyo hay cierta añoranza;
vuelo silente, música sonora, tempestad alegre y tristeza sin sentido...
Pero aún vive - siempre pescando esos pequeños placeres
entre la agonía de los días; entre cielo e infierno,
frío de la nieve en la que viste
el calor de sus sentimientos...
Atado el espíritu al peso de los huesos,
aún no se levanta de la tierra - pero vive en un país sin regreso,
envuelto en la niebla, sin ser visto por nadie;
ni es ángel, ni siquiera un demonio -
tan sólo una existencia quebrantada, una mente del letargo despierta -
vagante en los caminos, flor de rara belleza - una rosa muerta,
la cual conoce todos los encantos y todos los dolores de la existencia;
la pesadumbre de este andar ciego, la libertad sin fronteras -
y el cautiverio en que la tiene su condición humana.
[09/09/2013]