Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Rozo el párpado ávido de la tarde
me humedezco en su manto seco
con desesperados ojos de viajero
con trémula huella de impaciencia.
Vuelvo al origen que descubre los jardines
puedo ver a mi madre tan profunda,
su alameda regada de raíces
yéndose en el agua, en el rigor solar
en la fauna dura y terrenal.
Quiero espigarme de todo lo disuelto.
Beber junto a las mariposas
ebrias el efluvio de los médanos
y del mar el cáliz final de su desidia
arrimado a sus hebras insulares
hoy sin los náufragos del frío:
Llego desde otra vida, alegremente solo.
Contemplo la vereda del viento las hojas
de las orillas sanadas
el recuerdo agitado y los vertederos
de los pájaros maduros, los nidos desprovistos
las pequeñas almas voladas
como una herida que se cierra amargamente en los exilios.
Quién asoma en la memoria de la piedra,
en los llanos del paisaje escondido
puliendo la alianza perfecta.
Desde qué soledad me has tocado.
me humedezco en su manto seco
con desesperados ojos de viajero
con trémula huella de impaciencia.
Vuelvo al origen que descubre los jardines
puedo ver a mi madre tan profunda,
su alameda regada de raíces
yéndose en el agua, en el rigor solar
en la fauna dura y terrenal.
Quiero espigarme de todo lo disuelto.
Beber junto a las mariposas
ebrias el efluvio de los médanos
y del mar el cáliz final de su desidia
arrimado a sus hebras insulares
hoy sin los náufragos del frío:
Llego desde otra vida, alegremente solo.
Contemplo la vereda del viento las hojas
de las orillas sanadas
el recuerdo agitado y los vertederos
de los pájaros maduros, los nidos desprovistos
las pequeñas almas voladas
como una herida que se cierra amargamente en los exilios.
Quién asoma en la memoria de la piedra,
en los llanos del paisaje escondido
puliendo la alianza perfecta.
Desde qué soledad me has tocado.