rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
LA CIUDAD DE PIEDRA
La ciudad de piedra erguida frente al mar
Con sus monumentos de piedra y sus sueños de piedras
Redimida con sus altares y su acomodada moral,
Su hipocresía al descubierto, sus crímenes impunes,
Su sangre de callejones ebrios, su foránea identidad,
Su metálica estridencia, sus baluartes y sus monopolios,
Su falta de sentido común y su razón de ser.
Adentro de sus casas hombres sentados
Frente a la pantalla de un televisor centelleante,
adentro de sus cráneos la relojería oxidada
De un programa gobernado por la imagen.
Ha sometido al campo a su entero capricho,
Y después de comer el cereal de sus cosechas
Muerde la mano extendida sin el menor remordimiento
Y siéntese complacida.
Movida tan sólo por la inercia su panza famélica
Bosteza con tedio atroz y haraganoso.
Oigo por las noches rugir su corazón imperturbable,
el reventar de las olas contra su impávida coraza.
A la deriva de sus magistraturas elitistas
Firma con pluma de oro fojas
De proyectos para sus privilegios
Mientras el resto espera en la postergación.
Dormí sobre sus calles con lo puesto que vestía,
Bajo las estrellas, el frío , el rocío,
Un libro de Whitman bajo el brazo,
Sólo la poesía confidente y compañera,
No creo entonces haber estado tan abatido
Como su desidia ante la vida y sus desvaríos.
La ciudad de piedras erguida frente al mar
Con su oscura reputación , su mafia congresista,
Su fórmula barata de felicidad , su caro ilusionismo,
Su demolida arquitectura bombardeada
Por la ausencia de inversiones,
Su llamado a la fe y a la confianza,
Su absurdo optimismo,
Su magia dirigida a la mediocridad y su destreza,
Su ambigüedad y sus antítesis,
Su pseudo libertad de competencia
Y su incisiva mordedura a la calidad de vida
Se hundirá como una isla en el centro
De su propia sangre.
La ciudad de piedra erguida frente al mar
Con sus monumentos de piedra y sus sueños de piedras
Redimida con sus altares y su acomodada moral,
Su hipocresía al descubierto, sus crímenes impunes,
Su sangre de callejones ebrios, su foránea identidad,
Su metálica estridencia, sus baluartes y sus monopolios,
Su falta de sentido común y su razón de ser.
Adentro de sus casas hombres sentados
Frente a la pantalla de un televisor centelleante,
adentro de sus cráneos la relojería oxidada
De un programa gobernado por la imagen.
Ha sometido al campo a su entero capricho,
Y después de comer el cereal de sus cosechas
Muerde la mano extendida sin el menor remordimiento
Y siéntese complacida.
Movida tan sólo por la inercia su panza famélica
Bosteza con tedio atroz y haraganoso.
Oigo por las noches rugir su corazón imperturbable,
el reventar de las olas contra su impávida coraza.
A la deriva de sus magistraturas elitistas
Firma con pluma de oro fojas
De proyectos para sus privilegios
Mientras el resto espera en la postergación.
Dormí sobre sus calles con lo puesto que vestía,
Bajo las estrellas, el frío , el rocío,
Un libro de Whitman bajo el brazo,
Sólo la poesía confidente y compañera,
No creo entonces haber estado tan abatido
Como su desidia ante la vida y sus desvaríos.
La ciudad de piedras erguida frente al mar
Con su oscura reputación , su mafia congresista,
Su fórmula barata de felicidad , su caro ilusionismo,
Su demolida arquitectura bombardeada
Por la ausencia de inversiones,
Su llamado a la fe y a la confianza,
Su absurdo optimismo,
Su magia dirigida a la mediocridad y su destreza,
Su ambigüedad y sus antítesis,
Su pseudo libertad de competencia
Y su incisiva mordedura a la calidad de vida
Se hundirá como una isla en el centro
De su propia sangre.
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