danie
solo un pensamiento...
Frente a la luz de los secos bálsamos
del sacramento de la polución nocturna
se proclama el caletre vanidoso y mudo
se proclama el caletre vanidoso y mudo
de las grutas paganas:
lo invocan ante el amparo
lo invocan ante el amparo
de su aulladora hipertermia,
con sed libídine, avasalladora y seductora
por los velos del misterio.
¡Oh Lilith, que aletargas
¡Oh Lilith, que aletargas
todas las inquietudes de los hombres!
Como fieras inertes
tumbadas sobre la arcilla,
voltean sus vistas hacia el piélago
voltean sus vistas hacia el piélago
y su inmensa lejanía,
exhortando con sus esencias
exhortando con sus esencias
la fe de las ciegas beatas por el dogma del tabernáculo,
tendiendo sobre las atalayas
tendiendo sobre las atalayas
figuras atenienses abatidas con seísmos agrios.
Urnas de legajos y testimonios
Urnas de legajos y testimonios
que cortejan con sus revelaciones
y declaran los secretos de los confines
de la tierra y su fecundo polvo;
los íntimos lazos de la noche
decantan sobre sus necrópolis,
tallando iconografías sibilinas,
inescrutables hasta para los eruditos,
en los despojos y las cenizas
de los árboles muertos y las flores marchitas.
Las hermanas de la misma doctrina
son las primogénitas de Lilith,
siervas de las tinieblas de la noche
y sus legiones de ángeles caídos.
A través de los riscos y escollos del labrantío y su polvo
A través de los riscos y escollos del labrantío y su polvo
conjuran cultos y ritos al límite de la utopía,
se confabulan con su señor Luzbel
se confabulan con su señor Luzbel
que vio surgir desde el mar rojo
a la concubina del la lujuria y la lascivia.
Aquellas de tantas tentaciones
Aquellas de tantas tentaciones
que obsesionaron a los hombres
con los senos pecaminosos y desnudos:
bautizándolos por el credo popular como súcubos.
¿Si Adán no hubiera sido tan impertinente
con su incipiente cónyuge esto no hubiera sucedido?
Pero así son los hombres:
arrogantes y orgullosos,
y Lilith humillada se asilo entre los brazos
de la alteza de la concupiscencia:
fue el mismo Asmodeo quien la contuvo
y la sosiego de toda pena.
Ella no discrimina a impúberes y longevos,
para saciar su apetencia de rencor y venganza
rapta a los niños y los sofoca
en el ardor perpetuo del Estigia,
consume el alma de los hidalgos y señores
y engendra a los hijos gigantes (nefilims)
¡Teman y templen la carne hombres
de débil integridad pues lo que cosechan recogerán!