Conozco la frialdad de las alturas.
Aquí no llueve
como en el prado donde cantas tu arrogancia,
tu inocente desconcierto.
Aquí todo se juega en cada risco
a pesar de Dios y la manzana en su cabeza.
Nadie se atreve contra las alucinaciones
de sucesivos plenilunios y otros vértigos.
No busques un atajo.
No subas a pulmón estos declives.
Si algo queda
es un olor a hierba en la memoria.
Aquí no llueve
como en el prado donde cantas tu arrogancia,
tu inocente desconcierto.
Aquí todo se juega en cada risco
a pesar de Dios y la manzana en su cabeza.
Nadie se atreve contra las alucinaciones
de sucesivos plenilunios y otros vértigos.
No busques un atajo.
No subas a pulmón estos declives.
Si algo queda
es un olor a hierba en la memoria.