Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero entender el dolor de las palabras.
Busco algún rasgo en los espacios,
algo que me otorgue un índice o un principio,
la indescifrable clave interior del desconsuelo
por donde cuelgan las manos, los rostros,
la tenue carga del silencio de su apariencia escrita
que no depende de la idea, de su volumen rugoso
en el umbral de táctiles recuerdos.
Abro una vez la caridad oculta del misterio.
Nada es más intransigente que el latido,
con su clamor apenas, restaurando un nombre
que alfabetiza todas las banderas de la niebla.
Creo en el protocolo inmemorable del olvido,
en el abrazo interior de la palabra herida
y su vaivén de soledad sanguínea
que nos mancha y nos adhiere hacia una raza
clamorosa de letras abiertas que gritan.
Busco algún rasgo en los espacios,
algo que me otorgue un índice o un principio,
la indescifrable clave interior del desconsuelo
por donde cuelgan las manos, los rostros,
la tenue carga del silencio de su apariencia escrita
que no depende de la idea, de su volumen rugoso
en el umbral de táctiles recuerdos.
Abro una vez la caridad oculta del misterio.
Nada es más intransigente que el latido,
con su clamor apenas, restaurando un nombre
que alfabetiza todas las banderas de la niebla.
Creo en el protocolo inmemorable del olvido,
en el abrazo interior de la palabra herida
y su vaivén de soledad sanguínea
que nos mancha y nos adhiere hacia una raza
clamorosa de letras abiertas que gritan.
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