Evelyn De Lezcano
Poeta recién llegado
El desconcierto es el primer escalón del dolor.
Es un dardo que te escupen en medio de la frente.
Te quedas con los ojos fijos en un punto
inasible del infinito y
te balanceas hacia la oscuridad.
Todo alrededor desaparece,
oyes el tambor sordo de tu corazón,
tus vísceras calientes
llegan hasta la garganta y es,
entonces,
cuando una mano
firme estruja tu cuello.
Saltan los ojos
que quieren cerrarse
para no saber,
para no oír,
para no entender
que no puedes hacer
nada,
que nada
es todo lo que queda,
que la nada es lo único
que puedes utilizar cuando
caes a hinojos sobre el lecho detierra.
Y entonces, día tras día, te aferras a ella
en silencio,
la acaricias,
la moldeas
con tus manos hasta que
entiendes que
el desconcierto también sirve
para vivir.
Es un dardo que te escupen en medio de la frente.
Te quedas con los ojos fijos en un punto
inasible del infinito y
te balanceas hacia la oscuridad.
Todo alrededor desaparece,
oyes el tambor sordo de tu corazón,
tus vísceras calientes
llegan hasta la garganta y es,
entonces,
cuando una mano
firme estruja tu cuello.
Saltan los ojos
que quieren cerrarse
para no saber,
para no oír,
para no entender
que no puedes hacer
nada,
que nada
es todo lo que queda,
que la nada es lo único
que puedes utilizar cuando
caes a hinojos sobre el lecho detierra.
Y entonces, día tras día, te aferras a ella
en silencio,
la acaricias,
la moldeas
con tus manos hasta que
entiendes que
el desconcierto también sirve
para vivir.
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