El cándido cuclillo que aletea
sufriendo los calores del estíorefugia su agonía en el sombrío
castaño del camino que sombrea.
Sumido en el sofoco gimotea:
¡El pérfido calor es desvarío,
añoro las mañanas y el rocío,
y el sol es un volcán como una oblea!.
De pronto, aquella nube tan oscura
se apena del calor de ese cuclillo
y llora de dolor y con ternura.
La lluvia apaga el fuego del hornillo
y raudo nuestro amigo se apresura
poniendo en su cabeza un sombrerillo.
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Churrete