Wiccambar
Poeta adicto al portal
Lloro porque descubrí que cada vez que escribo
un pedazo de mi parece arrancarse de ese rincón
desconocido para vociferar que rabio mi miedo.
Cada letra es como si me quebrara el meñique, el pulgar
el brazo y los huesos que se retuercen exorcizados;
sangro por mi pluma y no me gusta la sensación
de sentirme drogada cuando me desnudo.
Soy un pedazo de carne bajo un disfraz de chica
rebelde, inmersa en abismos e infancias de infierno
solo falta darle vida a mi letra para tener con quien
desahogar la tiniebla que baña mi iniquidad.
No pararía jamás de contar mi fracaso
y llorar en cada pausa la miseria de mi limosna humana.
Hiedo, huelo a azufre, descubro que es mi alma
que se quema porque toca de pie las brazas del infierno
un infierno creado desde el minuto uno de mi gestación
cuando el semen fluía en los adentros de mi madre
y el espermatozoide reconoció a quien desgraciaría
la vida para crear un nuevo averno , nací yo.
Cuando escribo, huelo de nuevo a azufre, cada vez más a las tinieblas; seguro la oscuridad erecciona cuando eyaculo en mis versos
el secreto inmenso de mi alma siniestra.
Así es como me siento cuando pienso, cuando rezo,
cuando escribo, como un orgasmo intenso de dolor humano
me convierto en la eyaculación precoz de mis demonios
los ángeles caídos acuden cuando saco mi lápiz y hoja
saben que moriré escribiendo mi vida
y esperan ansiosos mi dulce muerte para poder alimentarse
de mis más oscuros pecados. Eso pasa cuando escribo.
un pedazo de mi parece arrancarse de ese rincón
desconocido para vociferar que rabio mi miedo.
Cada letra es como si me quebrara el meñique, el pulgar
el brazo y los huesos que se retuercen exorcizados;
sangro por mi pluma y no me gusta la sensación
de sentirme drogada cuando me desnudo.
Soy un pedazo de carne bajo un disfraz de chica
rebelde, inmersa en abismos e infancias de infierno
solo falta darle vida a mi letra para tener con quien
desahogar la tiniebla que baña mi iniquidad.
No pararía jamás de contar mi fracaso
y llorar en cada pausa la miseria de mi limosna humana.
Hiedo, huelo a azufre, descubro que es mi alma
que se quema porque toca de pie las brazas del infierno
un infierno creado desde el minuto uno de mi gestación
cuando el semen fluía en los adentros de mi madre
y el espermatozoide reconoció a quien desgraciaría
la vida para crear un nuevo averno , nací yo.
Cuando escribo, huelo de nuevo a azufre, cada vez más a las tinieblas; seguro la oscuridad erecciona cuando eyaculo en mis versos
el secreto inmenso de mi alma siniestra.
Así es como me siento cuando pienso, cuando rezo,
cuando escribo, como un orgasmo intenso de dolor humano
me convierto en la eyaculación precoz de mis demonios
los ángeles caídos acuden cuando saco mi lápiz y hoja
saben que moriré escribiendo mi vida
y esperan ansiosos mi dulce muerte para poder alimentarse
de mis más oscuros pecados. Eso pasa cuando escribo.
Última edición: