Amanece, las ventanas abren sus flores
a las pinceladas alegres del cielo turquesa.
El alma cae de su nebulosa amarilla…
Café nostálgico del club de amigos;
ademanes juveniles sobre el suelo histórico.
Vibran seis cuerdas gitanas,
melodías del misterio sin abarcar…
Treparme al rumbo de los sauces llorones;
mimetiza mi piel en pechos de gorriones.
Colección de pinares de tinta plastificada.
Avenidas doradas de necesidades ardientes,
desembocan en jardines acuosos de los tubos de ensayo.
Era ella el correo celeste de una aventura mimosa.
Soporte de cuencos es la firma de la devoción silvestre.
Estaciones que transmutan en el buen nombre,
como el odio en oído, como la frente al beso del óxido.
a las pinceladas alegres del cielo turquesa.
El alma cae de su nebulosa amarilla…
Café nostálgico del club de amigos;
ademanes juveniles sobre el suelo histórico.
Vibran seis cuerdas gitanas,
melodías del misterio sin abarcar…
Treparme al rumbo de los sauces llorones;
mimetiza mi piel en pechos de gorriones.
Colección de pinares de tinta plastificada.
Avenidas doradas de necesidades ardientes,
desembocan en jardines acuosos de los tubos de ensayo.
Era ella el correo celeste de una aventura mimosa.
Soporte de cuencos es la firma de la devoción silvestre.
Estaciones que transmutan en el buen nombre,
como el odio en oído, como la frente al beso del óxido.
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