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Desde el silencio

G. Sarmiento

Poeta asiduo al portal



En este valle de lágrimas,
que tanto duele cambiar,
nunca nos faltará tiempo
ni ocasión para llorar.

Los ríos dejan su huella;
cada paso, su pesar;
todo poeta, sus versos;
y el silencio, una verdad.

Todas las manos construyen,
todas pueden levantar.
Unas trabajan lo grande
y otras van a socavar.

Nadie aquí se queda al margen,
aunque crea que lo está.
Si el que actúa se equivoca;
el que lo omite, mucho más.

No antepongas tus miserias,
háblame de humanidad;
y sigue con lo que quieras,
pero en segundo lugar.

Cada cual tiene bandera,
patria, terruño y ciudad.
El mundo lo abarca todo;
y el alma, eso y lo demás.

Con los datos que me diste
no te pude anoche hallar.
No es que me faltaran señas,
abundaba oscuridad.

De las mareas se aprende
lo que la escuela no da.
Todo lo que ahora sube,
antes tuvo que bajar.

Vaso que ya viene lleno,
no te admite añadiduras.
El agua sirve al sediento;
y a los cuerdos, su cordura.

El valiente y el cobarde
salen juntos a la mar.
Juntos empiezan el viaje
y afrontan el temporal.

Ambos podrán ahogarse,
mas solo uno gritará.
El otro, desde el silencio,
lo intentará remediar.

G.S.A.
 



En este valle de lágrimas,
que tanto duele cambiar,
nunca nos faltará tiempo
ni ocasión para llorar.

Los ríos dejan su huella;
cada paso, su pesar;
todo poeta, sus versos;
y el silencio, una verdad.

Todas las manos construyen,
todas pueden levantar.
Unas trabajan lo grande
y otras van a socavar.

Nadie aquí se queda al margen,
aunque crea que lo está.
Si el que actúa se equivoca;
el que lo omite, mucho más.

No antepongas tus miserias,
háblame de humanidad;
y sigue con lo que quieras,
pero en segundo lugar.

Cada cual tiene bandera,
patria, terruño y ciudad.
El mundo lo abarca todo;
y el alma, eso y lo demás.

Con los datos que me diste
no te pude anoche hallar.
No es que me faltaran señas,
abundaba oscuridad.

De las mareas se aprende
lo que la escuela no da.
Todo lo que ahora sube,
antes tuvo que bajar.

Vaso que ya viene lleno,
no te admite añadiduras.
El agua sirve al sediento;
y a los cuerdos, su cordura.

El valiente y el cobarde
salen juntos a la mar.
Juntos empiezan el viaje
y afrontan el temporal.

Ambos podrán ahogarse,
mas solo uno gritará.
El otro, desde el silencio,
lo intentará remediar.

G.S.A.


que profundo poema, muy espiritual, saludos
 
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