​241. El pastor de piojos
Un pastorcillo de piojos
se afincó en una cabeza
y comprobó con tristeza
que ya tenía gorgojos.
Intentaba negociar
con el otro pastorcillo,
pero el tío era muy pillo
y no se dejó engañar.
Cuando iniciaba el traslado
los piojos de su rebaño
le pusieron gesto huraño
y le mostraron su enfado.
Y buscaron solución
proponiendo matrimonio
no fuera a ser el demonio
que perdieran su bastión.
Los piojos con las gorgojas
(pero al revés fue también)
se lo pasaron muy bien
y olvidaron sus congojas.
Y se fueron a habitar
en la cabeza del niño
que por su gran desaliño
no cesaba de rascar.
Moraleja:
Si el pelo quieres bonito
y no te quieres rascar
te lo tienes que lavar
para que esté muy limpito.
xxx
Churrete
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