235. El ciempiés (dedicado a Rosa)
Un ciempiés perdió un zapato
pero cuenta no se dio
hasta que el pie le dolió
al transcurrir un buen rato.
Con tantos pies que calzaba
mucho tuvo que contar
para al fin localizar
el zapato que faltaba.
-Me parece que el que falta
puede ser el treinta y tres.
¡Qué latosos tantos pies!
Pero la duda me asalta.-
Y buscó zapatería
donde además de contar
le pudieran alquilar
el zapato que quería.
El ciempiés contó perfecto
mas la tienda no tenía
el treinta y tres que perdía
nuestro amigo predilecto.
-El treinta y tres no me queda-
dijo triste el zapatero.
-Pues búsqueme con esmero
una bota, o lo que pueda-
-Una bota sí que tengo-
-¿Me la calza, por favor?-
-Para mí será un honor-
-Si lo sé más pronto vengo-
-¡Y qué poquito se nota!-
Marchó contento el ciempiés
con zapatos en los pies
y el treinta y tres con la bota.
xxx
Churrete
Un ciempiés perdió un zapato
pero cuenta no se dio
hasta que el pie le dolió
al transcurrir un buen rato.
Con tantos pies que calzaba
mucho tuvo que contar
para al fin localizar
el zapato que faltaba.
-Me parece que el que falta
puede ser el treinta y tres.
¡Qué latosos tantos pies!
Pero la duda me asalta.-
Y buscó zapatería
donde además de contar
le pudieran alquilar
el zapato que quería.
El ciempiés contó perfecto
mas la tienda no tenía
el treinta y tres que perdía
nuestro amigo predilecto.
-El treinta y tres no me queda-
dijo triste el zapatero.
-Pues búsqueme con esmero
una bota, o lo que pueda-
-Una bota sí que tengo-
-¿Me la calza, por favor?-
-Para mí será un honor-
-Si lo sé más pronto vengo-
-¡Y qué poquito se nota!-
Marchó contento el ciempiés
con zapatos en los pies
y el treinta y tres con la bota.
xxx
Churrete
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