darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
De belleza etérea y juvenil,
te fui conociendo en la inteligencia
de la oscuridad.
Las calles frías besaban tus pies,
tu cuerpo desnudo no sentía calor,
te palpé la piel blanca y delicada,
dijiste con sangre seca en tus labios
que me amabas.
Un puzle fue el fiel testigo
de ese abrazo lleno de ternura,
de ese beso perenne,
de un instante en suspenso,
de un hilo fino de sangre
que emanaba de tu boca.
Mirada ingenua,
diálogos tiernos,
tu cabellera de sol odiaba
los rayos ultravioleta,
tu carne herida por el amor,
tú mi ángel sanguíneo
de espasmos incontrolables.
¡Quiero morir en ti!
Huyamos de lo cotidiano
y te llevaré soñando en el baúl
de la eternidad.