me entregué a los cuerpos
como asteroides que caen sobre Neptuno
y, destrozadas, todavía acariciaban mis manos
las rocas heladas
después me fundía hasta la médula
y el manto vibraba con nosotros dentro
los cuerpos fríos, de pronto, ardían
y de los altos volcanes escapaban llamas
al final, de rocas y lava encenagado
surgía, dejando anidado un nombre
y escapaba con terror de Neptuno
al cielo más oscuro, a ser cometa peregrino
como asteroides que caen sobre Neptuno
y, destrozadas, todavía acariciaban mis manos
las rocas heladas
después me fundía hasta la médula
y el manto vibraba con nosotros dentro
los cuerpos fríos, de pronto, ardían
y de los altos volcanes escapaban llamas
al final, de rocas y lava encenagado
surgía, dejando anidado un nombre
y escapaba con terror de Neptuno
al cielo más oscuro, a ser cometa peregrino