Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me está volviendo loco;
el torrente que transmuta los ojos.
de oscuridades, los transes malignos;
pero yo aun estoy dividido.
Me llamaste, a través de los nombres y los siglos
como en un encuentro divino,
como todos los ornamentos
que palidecen, ante su destino.
Tu podrías ser como el cielo
Y olvidarnos de los restos.
Yo no vivo, solo perdura
la osamenta de un sueño;
pero si lo dices,
¡Dílo!
Seré de carne y hueso.
No desvíes la mirada,
que podrías ver mi alma;
tampoco cierres los ojos
que veras solo la sombra y los despojos.
En el torrente que transmuta los ojos,
y sus trances, allí esta mi nombre.
Dílo unas tres veces y me veras aparecerme
el torrente que transmuta los ojos.
de oscuridades, los transes malignos;
pero yo aun estoy dividido.
Me llamaste, a través de los nombres y los siglos
como en un encuentro divino,
como todos los ornamentos
que palidecen, ante su destino.
Tu podrías ser como el cielo
Y olvidarnos de los restos.
Yo no vivo, solo perdura
la osamenta de un sueño;
pero si lo dices,
¡Dílo!
Seré de carne y hueso.
No desvíes la mirada,
que podrías ver mi alma;
tampoco cierres los ojos
que veras solo la sombra y los despojos.
En el torrente que transmuta los ojos,
y sus trances, allí esta mi nombre.
Dílo unas tres veces y me veras aparecerme