Techum
Poeta recién llegado
Salve el aire
de tanta mentira sin ventilación.
Salve el Sol
de tanto juicio de traje farsante.
Salve el Mar
de tanta censura a la ternura.
Salve mi ateísmo
a mi alma libre llena de amor.
¡Salve!
¡Salve!
¡Salve!
Cada Dios a su pecador
que fantasea el perdón tras cada
juicio o cruzada en nombre de Dios.
Salve mi coraje a las letras
que escribo sin métrica ni clamor.
¡Viva, el escritor del hambre!
¡Viva, esta fuerza que siento como la luz interior!
Que nunca me llegue la estrella ciega de la fama si apaga
esta canción que sangra desde adentro con tanto ardor.
¡Que sienta, sólo que sienta para creer que aún existe
una senda por la que llegar al reflejo cristalino de mi alma!
¡Oh, siento el alma!
¡Bendición eterna ese calor del alma!
¡Viva el alma! ¡viva yo!
Ese yo que crece en las montañas
y se desvanece en la incomprensión
muere en la lucha y se alimenta
tras el diálogo del mundo y el color.