Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
He aprendido a mirar mis manos
a aceptar sus surcos,
donde se pliegan
donde se esconden
donde acarician.
He aprendido sus titubeos,
cuando intuyen y se asustan
cuando prenden con denuedo
cuando sostienen el dolor
enlazadas en si mismas
cuidando mi corazón.
He aprendido la presciencia
en mis manos
delegando mis momentos
al calor de sus roces.
a aceptar sus surcos,
donde se pliegan
donde se esconden
donde acarician.
He aprendido sus titubeos,
cuando intuyen y se asustan
cuando prenden con denuedo
cuando sostienen el dolor
enlazadas en si mismas
cuidando mi corazón.
He aprendido la presciencia
en mis manos
delegando mis momentos
al calor de sus roces.
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