Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Sin remedio
Un hombre murió ahorcado,
y aquel árbol de la vida,
le sirvió, le sirvió
San Francisco, ¡que me quemo!,
la oración me quemó,
me llevó hasta la pira
Ya me piro, llama yo ,
llama tú, llama ella,
árbol fuera, y albornoz.
La capucha con su esquela
y un fantasma perdigón,
no me deja con su espuela
ahorcarme de pasión.
Soy el judas de las muelas,
el que tanto regaló,
que dando un Cristo
no hubo abuela,
y por treinta se ahorcó,
en la plata traicionera
que es veneno y sin razón.
Ahora ando en la maleza
y busco el centro de un adiós;
que me fui por la pereza,
y regreso en la ocasión
de tarea y de protesta,
exigiendo el vil perdón,
necesario por la muestra
que sin cuerpo no hay traición.
Que el mundo está salvado,
y puede ser,
que aun me dierais gracias,
pues siguiendo y desandando,
yo me salvo ese pecado,
y está el mundo condenado
sin remedio en el ayer,
pues del hoy santificado
ya me salva vuestra fe.