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El mapa del tesoro

acontista1967

Poeta recién llegado
La estela azul del aire pútrido que marcha en pos de ti, vuelve,
vuelve infestado azahar a ser ahora el ala impar de mi beatífica orfandad;
y la estrella eclipsada en el mar de resplandor,
mora aún el lugar que señalaste. . .
Sí, retorno a mis andanzas.

Al final de mi agenda tengo un atlas del orbe
que asolarán mis hordas;
allí hay ciertos puntos indicados,
ciertas líneas trazadas.
Si recorrieras esas sendas,
esos llanos países de papel,
acabarías por descifrar en ellos el croquis de tu rostro,
y allí mismo, la marca del lugar donde un tesoro
ha esperado por mí desde hace siglos.

En la ruta, acogedores cetáceos me estarán aguardando
para ofrecerme albergue por una instancia ubérrima
de no más de tres días.
Pugnarán multitud de acorazados monstruos humeantes
por llegar a tus lindes;
triunfará sobre ellos Behemot,
la temible alimaña de las ciénagas,
y sobre ella, yo,
y sobre mí, en las grutas absurdas,
en los encrespados riscos del campo de batalla,
otra infausta criatura de la peor especie:
la que lleva en su polvo y en su sangre
cierto aire de pájaro y reptil,
sin que sea virtualmente ninguno de los dos.

Al fondo de una grieta, tras el postrero golpe,
yaceré con la boca a medio abrir,
como puerta de acceso a una casa desolada
donde irán a deshora a comer los moscardones.
 
Última edición:
La estela azul del aire pútrido que marcha en pos de ti, vuelve,
vuelve infestado azahar a ser ahora el ala impar de mi beatífica orfandad;
y la estrella eclipsada en el mar de resplandor,
mora aún el lugar que señalaste. . .
Sí, retorno a mis andanzas.

Al final de mi agenda tengo un atlas del orbe
que asolarán mis hordas;
allí hay ciertos puntos indicados,
ciertas líneas trazadas.
Si recorrieras esas sendas,
esos llanos países de papel,
acabarías por descifrar en ellos el croquis de tu rostro,
y allí mismo, la marca del lugar donde un tesoro
ha esperado por mí desde hace siglos.

En la ruta, acogedores cetáceos me estarán aguardando
para ofrecerme albergue por una instancia ubérrima
de no más de tres días.
Pugnarán multitud de acorazados monstruos humeantes
por llegar a tus lindes;
triunfará sobre ellos Behemot,
la temible alimaña de las ciénagas,
y sobre ella, yo,
y sobre mí, en las grutas absurdas,
en los encrespados riscos del campo de batalla,
otra infausta criatura de la peor especie:
la que lleva en su polvo y en su sangre
cierto aire de pájaro y reptil,
sin que sea virtualmente ninguno de los dos.

Al fondo de una grieta, tras el postrero golpe,
yaceré con la boca a medio abrir,
como puerta de acceso a una casa desolada
donde irán a deshora a comer los moscardones.


quizá siempre se guarda otro misterio tras otros, quizá hasta tú, saludos
 
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