azulalfilrojo
Poeta que considera el portal su segunda casa
El día toca a su fin,
se oscurece el horizonte,
la luna muestra su rostro,
guardan el alma los hombres.
Desierto queda el paraje,
los animales se esconden,
el cejo extiende sus alas
ahogando los corazones.
En lo alto de una encina,
viejo y falto de plumaje,
un búho, paciente, acecha
al abrigo del follaje.
(Mientras)
Cobijado en la penumbra,
en lo profundo del bosque
el paladín de las sombras
invoca a sus cazadores.
Las huestes salen al lance,
una a una se disponen
como orden militar;
van peinando los rincones.
Una esbelta silueta,
oriunda de las regiones,
ciega de su fatal suerte
deambula por los montes.
Al brincar unos lentiscos
múltiples heridas se hace
y va dejando su aroma
por todos los matorrales.
Las bestias siguen su rastro
entre cabezos y alcores;
ya la tienen a su alcance,
ya no quedan compasiones.
Unos ojos se iluminan,
una cabeza se rompe,
un grito quiebra el silencio
de la densa y vasta noche.
La presa yace en el suelo
con su piel hecha jirones,
y sus tajos, como fuentes,
manan sangre a borbotones.
¿Quiénes son esas criaturas,
satánicas creaciones,
que van sembrando la muerte
y nadie sabe su nombre?
se oscurece el horizonte,
la luna muestra su rostro,
guardan el alma los hombres.
Desierto queda el paraje,
los animales se esconden,
el cejo extiende sus alas
ahogando los corazones.
En lo alto de una encina,
viejo y falto de plumaje,
un búho, paciente, acecha
al abrigo del follaje.
(Mientras)
Cobijado en la penumbra,
en lo profundo del bosque
el paladín de las sombras
invoca a sus cazadores.
Las huestes salen al lance,
una a una se disponen
como orden militar;
van peinando los rincones.
Una esbelta silueta,
oriunda de las regiones,
ciega de su fatal suerte
deambula por los montes.
Al brincar unos lentiscos
múltiples heridas se hace
y va dejando su aroma
por todos los matorrales.
Las bestias siguen su rastro
entre cabezos y alcores;
ya la tienen a su alcance,
ya no quedan compasiones.
Unos ojos se iluminan,
una cabeza se rompe,
un grito quiebra el silencio
de la densa y vasta noche.
La presa yace en el suelo
con su piel hecha jirones,
y sus tajos, como fuentes,
manan sangre a borbotones.
¿Quiénes son esas criaturas,
satánicas creaciones,
que van sembrando la muerte
y nadie sabe su nombre?
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