AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Descaro y Capricho
Pasas a mi lado delicadamente
y osas cruzar conmigo
la mirada más coqueta que el pudor te permite.
¡Niña insensata! -pienso-
¿Es que acaso no sabes que un tipo de mi edad
ha jugado ese juego ya más de mil veces?.
¡No, claro que no!, ¡no lo sabes!
o habrías huído sin mas al ver mis ojos draconianos
vigilar cada paso que dabas al entrar por el salón.
Pero en fin, da igual, te sonrío;
descaradamente te sonrío;
mirando en lo profundo de tus ojos,
te sonrío;
y entremedio del gentío,
"te sonrojas"
y te es inevitable sentir curiosidad ante aquel desconocido
que te mira y por el cual
¡te antojas!
hasta el punto de inquirir una respuesta silenciosa
¡en el suspiro,
que me arrojas!.
Pobre ninfa pretenciosa, desorientada y hermosa
que llegaste hasta mi fiesta con holgura
y que vas esparciendo la locura,
al compás de tu cintura,
en aquellos que te miran como a diosa.
Yo me ciño como sombra a tu figura
en tu búsqueda anhelosa de consorte.
Tú pretendes que yo pierda la cordura,
seducir es para ti como un deporte.
Te encamino hasta la alcoba más oscura,
tu lujuria se desborda en el escote
y en un beso silenciado de mi azote
te encomiendo hacia la muerte prematura.
Pensamientos bermellones
salpicaron la muralla
y cual río que no acalla,
manaron a borbotones.
Tus lascivas intenciones
y egoístas sentimientos,
no causan remordimientos
a este espíritu canalla.
¡Has de aprender, bello capricho, que en el día de su boda,
a una novia no se enloda, levantandole al marido!.
¡Que tu cuerpo fenecido
halle en la tierra su nicho,
será pasto de algún bicho
cuando yo ya haya partido!.
Pasas a mi lado delicadamente
y osas cruzar conmigo
la mirada más coqueta que el pudor te permite.
¡Niña insensata! -pienso-
¿Es que acaso no sabes que un tipo de mi edad
ha jugado ese juego ya más de mil veces?.
¡No, claro que no!, ¡no lo sabes!
o habrías huído sin mas al ver mis ojos draconianos
vigilar cada paso que dabas al entrar por el salón.
Pero en fin, da igual, te sonrío;
descaradamente te sonrío;
mirando en lo profundo de tus ojos,
te sonrío;
y entremedio del gentío,
"te sonrojas"
y te es inevitable sentir curiosidad ante aquel desconocido
que te mira y por el cual
¡te antojas!
hasta el punto de inquirir una respuesta silenciosa
¡en el suspiro,
que me arrojas!.
Pobre ninfa pretenciosa, desorientada y hermosa
que llegaste hasta mi fiesta con holgura
y que vas esparciendo la locura,
al compás de tu cintura,
en aquellos que te miran como a diosa.
Yo me ciño como sombra a tu figura
en tu búsqueda anhelosa de consorte.
Tú pretendes que yo pierda la cordura,
seducir es para ti como un deporte.
Te encamino hasta la alcoba más oscura,
tu lujuria se desborda en el escote
y en un beso silenciado de mi azote
te encomiendo hacia la muerte prematura.
Pensamientos bermellones
salpicaron la muralla
y cual río que no acalla,
manaron a borbotones.
Tus lascivas intenciones
y egoístas sentimientos,
no causan remordimientos
a este espíritu canalla.
¡Has de aprender, bello capricho, que en el día de su boda,
a una novia no se enloda, levantandole al marido!.
¡Que tu cuerpo fenecido
halle en la tierra su nicho,
será pasto de algún bicho
cuando yo ya haya partido!.
Última edición: