yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
No he manchado mis versos con diatribas,
ni he forzado la calidez menesterosa y cortesana;
he puesto mi esencia misma en cada letra
y he abjurado del rencor en cada coma.
No he perdido libertad ni he comprado axiomas purulentos,
he ejercido la poesía como terapia
de mis sueños màs tímidos e indecentes;
fragor vencido del que ha perdido la batalla.
He puesto en mis versos màs mezquinos
las pústulas pestilentes y asquerosas
que dicen al puntillo lo que mi voz calla,
no he vendido la verdad por un puñado de perlas invalidas.
Aquel que con voz constipada y meliflua reclama
que no mida los renglones ni la rima,
seguro quedara decepcionado al leer la franca rebeldía
de mis letras tan mal posicionadas,¡descaradas!
No busco en el quehacer del manifiesto
el adule fácil, zalamero y.pretencioso
y a aquel que en mi mejilla pone un golpe,
indiferente le pongo la otra cara.
Y es que en el taller del orfebre en letras,
habrá quien use cinta métrica y habrá también quien la deteste,
pero quien tanto mida no se queje después de ser medido
ni se asombre de nunca dar la talla.
ni he forzado la calidez menesterosa y cortesana;
he puesto mi esencia misma en cada letra
y he abjurado del rencor en cada coma.
No he perdido libertad ni he comprado axiomas purulentos,
he ejercido la poesía como terapia
de mis sueños màs tímidos e indecentes;
fragor vencido del que ha perdido la batalla.
He puesto en mis versos màs mezquinos
las pústulas pestilentes y asquerosas
que dicen al puntillo lo que mi voz calla,
no he vendido la verdad por un puñado de perlas invalidas.
Aquel que con voz constipada y meliflua reclama
que no mida los renglones ni la rima,
seguro quedara decepcionado al leer la franca rebeldía
de mis letras tan mal posicionadas,¡descaradas!
No busco en el quehacer del manifiesto
el adule fácil, zalamero y.pretencioso
y a aquel que en mi mejilla pone un golpe,
indiferente le pongo la otra cara.
Y es que en el taller del orfebre en letras,
habrá quien use cinta métrica y habrá también quien la deteste,
pero quien tanto mida no se queje después de ser medido
ni se asombre de nunca dar la talla.
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