Susana Lorente
Poeta recién llegado
Nos vamos, ya no volvemos,
nos quedamos entre la hierba,
como los sentimientos que hacen de la turbidez, la niebla.
Nos vamos hacia el sur,
que es el norte frío y sutil
del risco solitario en la que la montaña se abre al atardecer.
Es la valentía de unas alas
sin el límite de la tierra,
donde la luna vuela sobre nuestra cabeza
y se esconde para ocultar los restos de sol.
La oscuridad nos cobija
e incendia la noche tus besos,
rasgo irreal que une para ser nada.
Cuando te cubres los ojos con la fantasía
la piedra se quiebra en nuestros rostros perecederos,
grabados en las olas de un mar que desfallece
como una espuma demoniaca
en el que ruge nuestro ser por el misterio.
No hay vuelo de pájaro sobre la colina,
ni príncipe cabalgando,
no hay sueños esperándonos fuera de este tumulto,
solo caemos desvanecidos de éxtasis
por una raíz excelsa que aferrada al polvo
nos vio nacer.
También hay una senda que recorrió un niño,
un camino diluido por el ácido de la guerra y la codicia,
y muertos de hambre llevando a cuestas
un rublo para los sables con los que cortar
el cuello al que clama salir de su desdicha.
Por eso volvemos huérfanos a habitar una rosa que se pudre,
un látigo que se despliega,
una muralla vuelta a construir para que no alcancemos sus labios.
Nos rendimos para que en la mentira caiga la sombra
de la sorda tez del amor,
para que las promesas nos fulminen al medio día.
[FONT="]Susana Lorente Gómez
nos quedamos entre la hierba,
como los sentimientos que hacen de la turbidez, la niebla.
Nos vamos hacia el sur,
que es el norte frío y sutil
del risco solitario en la que la montaña se abre al atardecer.
Es la valentía de unas alas
sin el límite de la tierra,
donde la luna vuela sobre nuestra cabeza
y se esconde para ocultar los restos de sol.
La oscuridad nos cobija
e incendia la noche tus besos,
rasgo irreal que une para ser nada.
Cuando te cubres los ojos con la fantasía
la piedra se quiebra en nuestros rostros perecederos,
grabados en las olas de un mar que desfallece
como una espuma demoniaca
en el que ruge nuestro ser por el misterio.
No hay vuelo de pájaro sobre la colina,
ni príncipe cabalgando,
no hay sueños esperándonos fuera de este tumulto,
solo caemos desvanecidos de éxtasis
por una raíz excelsa que aferrada al polvo
nos vio nacer.
También hay una senda que recorrió un niño,
un camino diluido por el ácido de la guerra y la codicia,
y muertos de hambre llevando a cuestas
un rublo para los sables con los que cortar
el cuello al que clama salir de su desdicha.
Por eso volvemos huérfanos a habitar una rosa que se pudre,
un látigo que se despliega,
una muralla vuelta a construir para que no alcancemos sus labios.
Nos rendimos para que en la mentira caiga la sombra
de la sorda tez del amor,
para que las promesas nos fulminen al medio día.
[FONT="]Susana Lorente Gómez