Angel Felibre
Poeta que considera el portal su segunda casa
Evanescentes sombras precursoras
del vacío de la noche;
ignotas telas de araña,
queriendo captar suspiros cadenciosos,
vais como espectros en pos de la luz
bebiendo tempranas gotas de rocío
entre las hojas de la nada.
Sois jirones de bruma que se escorzan
en infinitas formas desvaídas,
retales de vapor de agua en el aire,
apenas borrones de la tarde
danzando antes que el alba os transforme
en una inmensa claridad.
De inefables y vaporosas gasas
en los ojos, embriagados de sonrisas
con las cuales vencer la soledad
que a la penumbra os condena,
pasáis tan lentamente
como las nubes movidas por la brisa
sobre ondulantes colinas verdes.
Pero mis ojos os reclaman,
sueño con vosotras para esconder mis miedos,
para ocultarme en vuestro seno
y perderme en el olvido.
Y vosotras, mis fieles aliadas,
asiéndome las manos húmedas y frías,
me lleváis hasta el silencio
de la incipiente negrura.
del vacío de la noche;
ignotas telas de araña,
queriendo captar suspiros cadenciosos,
vais como espectros en pos de la luz
bebiendo tempranas gotas de rocío
entre las hojas de la nada.
Sois jirones de bruma que se escorzan
en infinitas formas desvaídas,
retales de vapor de agua en el aire,
apenas borrones de la tarde
danzando antes que el alba os transforme
en una inmensa claridad.
De inefables y vaporosas gasas
en los ojos, embriagados de sonrisas
con las cuales vencer la soledad
que a la penumbra os condena,
pasáis tan lentamente
como las nubes movidas por la brisa
sobre ondulantes colinas verdes.
Pero mis ojos os reclaman,
sueño con vosotras para esconder mis miedos,
para ocultarme en vuestro seno
y perderme en el olvido.
Y vosotras, mis fieles aliadas,
asiéndome las manos húmedas y frías,
me lleváis hasta el silencio
de la incipiente negrura.