Orfelunio
Poeta veterano en el portal
De locos corifeos
Miraba la baldosa
apuntando con su dedo
La mimaba, la adoraba el conde
de los condes corifeos.
Sus amores por el suelo
en las líneas se cuadraban;
mirándose los pelos
sus dientes retemblaban,
sus labios hacían agua,
sus ojos con recelo;
su boca mordisqueaba
las uñas desgastadas
Así pasaba el rato,
llegando a ser con trato,
su retrato contemplaba.
Tan perdiz
me siento en este balde
que la tarde vuela y pilla
Y no quiero hacer alarde
del color que es el matiz,
de quedarse en un silla,
y que sea el sonreír
sólo a un ojo por robarle;
que se es conde con desliz
todo conde por cobarde.
Enamorado estaba de su suelo
retratado de perlilla el conde loco;
se allegó de muda voz hasta la orilla
y en el canto del rincón más agorero,
butacón se convirtió en palafrenero;
y rompiendo aquella silla en sus costillas,
se quedó de gran señor por las arcillas
en los fangos del jergón más pendenciero.
Miraba la baldosa
apuntando con su dedo
La mimaba, la adoraba el conde
de los condes corifeos.
Sus amores por el suelo
en las líneas se cuadraban;
mirándose los pelos
sus dientes retemblaban,
sus labios hacían agua,
sus ojos con recelo;
su boca mordisqueaba
las uñas desgastadas
Así pasaba el rato,
llegando a ser con trato,
su retrato contemplaba.
Tan perdiz
me siento en este balde
que la tarde vuela y pilla
Y no quiero hacer alarde
del color que es el matiz,
de quedarse en un silla,
y que sea el sonreír
sólo a un ojo por robarle;
que se es conde con desliz
todo conde por cobarde.
Enamorado estaba de su suelo
retratado de perlilla el conde loco;
se allegó de muda voz hasta la orilla
y en el canto del rincón más agorero,
butacón se convirtió en palafrenero;
y rompiendo aquella silla en sus costillas,
se quedó de gran señor por las arcillas
en los fangos del jergón más pendenciero.