Antonio
Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
LEYENDA MINERA
Historias de mi pueblo
Prólogo
Este relato, como tal, no está sujeto a ningún rigor histórico, por lo que cualquier alteración de la realidad es sólo y exclusivamente debido al argumento.
La leyenda que a continuación expongo, está basada en la historia del descubrimiento de los yacimientos de plata, en un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara, España, llamado Hiendelaencina. Se encuentra ubicado sobre una alta meseta quebrada por algunos barrancos, situado al pie de la Sierra del Alto Rey, delimitada hacia el norte por el río Bornova y surcada por el arroyo de Rama.La historia también pasó por este lugar, donde el Cid dejó huella en su viaje a tierras levantinas. En la actualidad, estos caminos forman una ruta de interés turístico denominado "Camino del Cid"
Para completar este relato me he valido de las versiones de Don Bibiano Contreras y Don Francisco de Bartolomé recogidas del libro Hiendelaencina y sus Minas de Plata, que fue publicado en 2008 por Don Abelardo Gismera Argona y de las leyendas que mi abuelo me contaba en mi infancia y que hoy en día aunque muy vagamente, aún…
En un rincón de Castilla
junto a unas ruinas yertas
reina en horizonte altiva
al pie de una sierra esbelta,
entre Ocejón y el Otero,
allá mi pueblo se encuentra
en otros tiempos activo
en cultivo y mineral
hoy de su sombra cautivo
por la emigración está.
Mas bajando por Casillas
en Atienza descansó
entre Robledo y Las Minas
mirad con mucha atención,
las huellas de un tal Rodrigo
por este lugar pasó
señor de un reino sin trono
al destierro partió
siendo vasallo oneroso
de un deshonroso señor.
Allende en la encina está
en la meseta ancha alzado
aguas del río y su cauce
al barranco accidentaron.
El Bornova y su caudal,
otrora tiempos lejanos
sus corrientes hechizadas
con sus aguas moldearon
la mies y electricidad
con descender continuado.
Por Las Minas te conocen
siempre deberé llamarte
como mi abuela me dijo,
-el apodo es elegante-
-¡Es Hiendelaencina, hijo!-
-En este mundo variable
raíces han de quedar
y si algún día marchases
esta sierra aquí ha de estar
solo hasta que el sol aguante.
Actualmente, existe un monolito ubicado en la plaza Mayor del pueblo de Hiendelaencina y que, originariamente, se hallaba en el lugar donde se cree que se encontró la primera pieza de plata nativa, en el camino de la Perla a la mina de Santa Cecilia.
La historia, a partir de ahí ya se encarga de registrar oficialmente que el descubridor de dicho lugar, de fecundos yacimientos de plata y otros metales menos nobles, le cabe el honor de ser a Don Pedro Gorriz Artacoz, que en uno de sus recorridos por la zona norte de Guadalajara se “tropezó” con una veta a cielo abierto en aquellos bellos y ocultos Parajes de la Sierra Norte…
Historias de mi pueblo
Prólogo
Este relato, como tal, no está sujeto a ningún rigor histórico, por lo que cualquier alteración de la realidad es sólo y exclusivamente debido al argumento.
La leyenda que a continuación expongo, está basada en la historia del descubrimiento de los yacimientos de plata, en un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara, España, llamado Hiendelaencina. Se encuentra ubicado sobre una alta meseta quebrada por algunos barrancos, situado al pie de la Sierra del Alto Rey, delimitada hacia el norte por el río Bornova y surcada por el arroyo de Rama.La historia también pasó por este lugar, donde el Cid dejó huella en su viaje a tierras levantinas. En la actualidad, estos caminos forman una ruta de interés turístico denominado "Camino del Cid"
Para completar este relato me he valido de las versiones de Don Bibiano Contreras y Don Francisco de Bartolomé recogidas del libro Hiendelaencina y sus Minas de Plata, que fue publicado en 2008 por Don Abelardo Gismera Argona y de las leyendas que mi abuelo me contaba en mi infancia y que hoy en día aunque muy vagamente, aún…
Recuerdo los cantos de cuarzo tallado
por más de mil grados en la Era Primaria
igni y orogenia quisieron formar,
extraídos fueron por manos mineras,
a las escombreras allí iba a buscar.
Recuerdo las casas de piedras en ruinas,
las huertas labradas, calles empedradas,
el roce de cascos que contra las rocas
con ruidoso paso las mulas hacían
subían la calle de Santa Cecilia
llegando a la fuente para allí abrevar.
por más de mil grados en la Era Primaria
igni y orogenia quisieron formar,
extraídos fueron por manos mineras,
a las escombreras allí iba a buscar.
Recuerdo las casas de piedras en ruinas,
las huertas labradas, calles empedradas,
el roce de cascos que contra las rocas
con ruidoso paso las mulas hacían
subían la calle de Santa Cecilia
llegando a la fuente para allí abrevar.
Capítulo I
A mediados del segundo decenio del siglo XIX, año arriba año abajo, llego a las costas del levante español un gentil napolitano llamado Vicenzo Fortuni quien contrajo nupcias en Yecla con una vecina del lugar.
Al poco tiempo trasladó su residencia a un pueblo de la zona norte de Guadalajara llamado Pálmaces. Allí desempeñó su oficio de hojalatero, que a la postre, compaginó con el de platero al encontrar un yacimiento de plata. Tal hallazgo se produjo, por mediación de un vecino conocido por “El Perucha”, de un lugar cercano qué, en el camino de Pálmaces a Congostrina, se encontró con el hojalatero que regresaba con sus herramientas a lomos de una mula, una vez terminada su gira de trabajo por los pueblos de la zona. “El Perucha” le propuso intercambiar dos celemines de trigo y una pequeña roca que acababa de encontrar en el lugar de procedencia, de unas características especiales y poco vistas, por la reparación del asa de una sartén. Fortuni accedió al trueque, con otra condición, que le dijese el lugar en donde había encontrado dicha “piedra” que prácticamente en su totalidad era de plata, cosa que, evidentemente era desconocida por el lugareño, quien indicó a Fortuni sin ningún reparo, el lugar de su hallazgo.
De esta forma, uno se llevo la sartén reparada y el otro el nombre donde encontrar más mineral igual que el obtenido por la reparación. Dicho paraje era denominado como Canto Blanco en Hiendelaencina.
Capítulo II
Hasta entonces, se había dedicado a aumentar su corta renta con malas artes, ayudado de su don de gentes, su meloso acento y su dicharachera verborrea en la utilización de su oficio de platero hojalatero para engañar, entre otros, al párroco de Villares o al Ayuntamiento de Gascueña.
Según la leyenda, una vez “descubierta” la veta a cielo abierto, su ambición y sus pocas o ninguna gana de complicarse la vida en registrar su ubicación y buscar inversores, le llevó a dedicarse a la explotación clandestina del yacimiento. Con un hornillo y la caja para el vaciado acuñaba monedas con la plata que de él extraía, pero a la postre le salió caro su proceder.
Aunque la forma de blanquear las monedas falsificadas era relativamente segura, al ir desprendiéndose de ellas, poco a poco, en los diversos lugares por donde pasaba realizando su trabajo, finalmente cometió un grave error. Un amigo y vecino de Pálmaces al cual le debía algún que otro favor, le pidió que le prestara unas cuantas monedas de plata que le faltaba para completar la recaudación de la cual era responsable, pues se las había gastado sin tiempo para su reposición. Fortuni se las prestó y una vez entregada la recaudación en la Administración de Guadalajara, inmediatamente se levantaron pesquisas al comprobarse la falsificación de parte de la recaudación entregada.
Mandado apresar y condenado a cuatro años de cárcel por el Juez de Jadraque el reo conocido como Vicente Fortunato fue conducido el 28 de julio de 1829 al penal de Málaga.
Aquí debería de acabar la historia de Fortunato pues, posteriormente a su liberación, fue perdida su pista al haber marchado con toda probabilidad al país del que procedía.
La leyenda dice que, por mediación de un funcionario de prisiones, Fortunato se puso en contacto con Don Pedro Gorriz a quien le dio una muestra de la veta de plata pura, haciéndole saber que era conocedor del lugar donde se encontraba un rico y basto yacimiento a cielo abierto. La propuesta del hojalatero fue que si le hacia las gestiones oportunas para el indulto de la pena que le restaba por cumplir, le haría conocedor de aquel lugar que está…
A mediados del segundo decenio del siglo XIX, año arriba año abajo, llego a las costas del levante español un gentil napolitano llamado Vicenzo Fortuni quien contrajo nupcias en Yecla con una vecina del lugar.
Al poco tiempo trasladó su residencia a un pueblo de la zona norte de Guadalajara llamado Pálmaces. Allí desempeñó su oficio de hojalatero, que a la postre, compaginó con el de platero al encontrar un yacimiento de plata. Tal hallazgo se produjo, por mediación de un vecino conocido por “El Perucha”, de un lugar cercano qué, en el camino de Pálmaces a Congostrina, se encontró con el hojalatero que regresaba con sus herramientas a lomos de una mula, una vez terminada su gira de trabajo por los pueblos de la zona. “El Perucha” le propuso intercambiar dos celemines de trigo y una pequeña roca que acababa de encontrar en el lugar de procedencia, de unas características especiales y poco vistas, por la reparación del asa de una sartén. Fortuni accedió al trueque, con otra condición, que le dijese el lugar en donde había encontrado dicha “piedra” que prácticamente en su totalidad era de plata, cosa que, evidentemente era desconocida por el lugareño, quien indicó a Fortuni sin ningún reparo, el lugar de su hallazgo.
De esta forma, uno se llevo la sartén reparada y el otro el nombre donde encontrar más mineral igual que el obtenido por la reparación. Dicho paraje era denominado como Canto Blanco en Hiendelaencina.
Capítulo II
Hasta entonces, se había dedicado a aumentar su corta renta con malas artes, ayudado de su don de gentes, su meloso acento y su dicharachera verborrea en la utilización de su oficio de platero hojalatero para engañar, entre otros, al párroco de Villares o al Ayuntamiento de Gascueña.
Según la leyenda, una vez “descubierta” la veta a cielo abierto, su ambición y sus pocas o ninguna gana de complicarse la vida en registrar su ubicación y buscar inversores, le llevó a dedicarse a la explotación clandestina del yacimiento. Con un hornillo y la caja para el vaciado acuñaba monedas con la plata que de él extraía, pero a la postre le salió caro su proceder.
Aunque la forma de blanquear las monedas falsificadas era relativamente segura, al ir desprendiéndose de ellas, poco a poco, en los diversos lugares por donde pasaba realizando su trabajo, finalmente cometió un grave error. Un amigo y vecino de Pálmaces al cual le debía algún que otro favor, le pidió que le prestara unas cuantas monedas de plata que le faltaba para completar la recaudación de la cual era responsable, pues se las había gastado sin tiempo para su reposición. Fortuni se las prestó y una vez entregada la recaudación en la Administración de Guadalajara, inmediatamente se levantaron pesquisas al comprobarse la falsificación de parte de la recaudación entregada.
Mandado apresar y condenado a cuatro años de cárcel por el Juez de Jadraque el reo conocido como Vicente Fortunato fue conducido el 28 de julio de 1829 al penal de Málaga.
Aquí debería de acabar la historia de Fortunato pues, posteriormente a su liberación, fue perdida su pista al haber marchado con toda probabilidad al país del que procedía.
La leyenda dice que, por mediación de un funcionario de prisiones, Fortunato se puso en contacto con Don Pedro Gorriz a quien le dio una muestra de la veta de plata pura, haciéndole saber que era conocedor del lugar donde se encontraba un rico y basto yacimiento a cielo abierto. La propuesta del hojalatero fue que si le hacia las gestiones oportunas para el indulto de la pena que le restaba por cumplir, le haría conocedor de aquel lugar que está…
En un rincón de Castilla
junto a unas ruinas yertas
reina en horizonte altiva
al pie de una sierra esbelta,
entre Ocejón y el Otero,
allá mi pueblo se encuentra
en otros tiempos activo
en cultivo y mineral
hoy de su sombra cautivo
por la emigración está.
Mas bajando por Casillas
en Atienza descansó
entre Robledo y Las Minas
mirad con mucha atención,
las huellas de un tal Rodrigo
por este lugar pasó
señor de un reino sin trono
al destierro partió
siendo vasallo oneroso
de un deshonroso señor.
Allende en la encina está
en la meseta ancha alzado
aguas del río y su cauce
al barranco accidentaron.
El Bornova y su caudal,
otrora tiempos lejanos
sus corrientes hechizadas
con sus aguas moldearon
la mies y electricidad
con descender continuado.
Por Las Minas te conocen
siempre deberé llamarte
como mi abuela me dijo,
-el apodo es elegante-
-¡Es Hiendelaencina, hijo!-
-En este mundo variable
raíces han de quedar
y si algún día marchases
esta sierra aquí ha de estar
solo hasta que el sol aguante.
EpílogoActualmente, existe un monolito ubicado en la plaza Mayor del pueblo de Hiendelaencina y que, originariamente, se hallaba en el lugar donde se cree que se encontró la primera pieza de plata nativa, en el camino de la Perla a la mina de Santa Cecilia.
La historia, a partir de ahí ya se encarga de registrar oficialmente que el descubridor de dicho lugar, de fecundos yacimientos de plata y otros metales menos nobles, le cabe el honor de ser a Don Pedro Gorriz Artacoz, que en uno de sus recorridos por la zona norte de Guadalajara se “tropezó” con una veta a cielo abierto en aquellos bellos y ocultos Parajes de la Sierra Norte…
En la memoria queda la senda al transitar,
si con el tiempo en ella recuerdo ha de quedar
el caminante estela, pudo al pasar dejar
las notas del viajero que obtuvo del lugar.
Difusa la leyenda con sus letras plasmara
algunas añoranzas la memoria dejara,
en unos cuantos versos estrofas dibujara
parajes de la sierra sita en Guadalajara.
Desde el norte se llega camino al mirador
el pico de Alto Rey nos muestra su esplendor
su falda con los pueblos todo su alrededor
y el descenso del río con su leve rumor.
Si encuentras la vereda podrías acceder
hacia donde la ruta parte hasta descender,
por el tenue sendero llegándose a perder
se aproximará el día, viene el amanecer.
Entre las peñas surge corto el lento vagar
llevándonos con ese pausado caminar
por aquel vericueto zigzagueante andar,
cauces en entre ríos se deben encontrar.
El San Cristóbal llega con suave y tenue fluir
el Bornova recibe y agradece el diluir,
la garganta se agranda pues en su discurrir
ha moldeado el cauce su curso el devenir.
El descenso de aromas y sabores exhala
de romero y cantueso sus olores iguala,
con sus verdes colores a la orilla regala
la bucólica umbría donde el sol le acorrala.
Esas aguas fluyendo van junto a la ribera
con alegres colores de la luz mañanera,
con los cantos las aves traen la primavera
todo envuelve de magia y alegría su vera.
Hacia el sur la vereda te lleva el caminar
donde con el descenso podrías alcanzar,
con un salto sus aguas deberán continuar
al seguir por su curso llegarán a la mar.
Río arriba unas ruinas se podrán contemplar,
otros tiempos lejanos el cauce hizo empujar
con la fuerza sus aguas la turbina girar
su energía a las minas hacía trabajar.
Con las vetas ocultas en la profundidad
el argento en su entraña guardará soledad,
el metal que extrajeran con su gran calidad
de las minas el pueblo tomó su identidad.
Camino de Villares su molino algún día
labor de siega y trilla con la muela molía,
en mula el molinero para el horno subía
en el pan la tahona la harina convertía.
Esta ruta del río ya por hoy se termina
la tarde acaba y queda por subir la colina
la que llega a la alcarria por la cuesta tan pina,
al final llevará hasta Hiendelaencina.
http://www.authorstream.com/Presentation/toninet-1197526-hiendelaencina-ayer-hoy/si con el tiempo en ella recuerdo ha de quedar
el caminante estela, pudo al pasar dejar
las notas del viajero que obtuvo del lugar.
Difusa la leyenda con sus letras plasmara
algunas añoranzas la memoria dejara,
en unos cuantos versos estrofas dibujara
parajes de la sierra sita en Guadalajara.
Desde el norte se llega camino al mirador
el pico de Alto Rey nos muestra su esplendor
su falda con los pueblos todo su alrededor
y el descenso del río con su leve rumor.
Si encuentras la vereda podrías acceder
hacia donde la ruta parte hasta descender,
por el tenue sendero llegándose a perder
se aproximará el día, viene el amanecer.
Entre las peñas surge corto el lento vagar
llevándonos con ese pausado caminar
por aquel vericueto zigzagueante andar,
cauces en entre ríos se deben encontrar.
El San Cristóbal llega con suave y tenue fluir
el Bornova recibe y agradece el diluir,
la garganta se agranda pues en su discurrir
ha moldeado el cauce su curso el devenir.
El descenso de aromas y sabores exhala
de romero y cantueso sus olores iguala,
con sus verdes colores a la orilla regala
la bucólica umbría donde el sol le acorrala.
Esas aguas fluyendo van junto a la ribera
con alegres colores de la luz mañanera,
con los cantos las aves traen la primavera
todo envuelve de magia y alegría su vera.
Hacia el sur la vereda te lleva el caminar
donde con el descenso podrías alcanzar,
con un salto sus aguas deberán continuar
al seguir por su curso llegarán a la mar.
Río arriba unas ruinas se podrán contemplar,
otros tiempos lejanos el cauce hizo empujar
con la fuerza sus aguas la turbina girar
su energía a las minas hacía trabajar.
Con las vetas ocultas en la profundidad
el argento en su entraña guardará soledad,
el metal que extrajeran con su gran calidad
de las minas el pueblo tomó su identidad.
Camino de Villares su molino algún día
labor de siega y trilla con la muela molía,
en mula el molinero para el horno subía
en el pan la tahona la harina convertía.
Esta ruta del río ya por hoy se termina
la tarde acaba y queda por subir la colina
la que llega a la alcarria por la cuesta tan pina,
al final llevará hasta Hiendelaencina.
Antonio Nieto Bruna
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