• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

La mirada perdida (dedicado a luisrubio)

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
luisb.jpg


Dedicado a, e inspirado por
Luis Rubio

La mirada perdida




Me miro a los ojos
al conversar conmigo,
veo la cuenca del ojo, sin ojo,
con el otro ojo que miro.

Estoy incompleto,
y me corto una oreja,
una mano, un huevo,
un pulmón y una pierna,
y terminado me veo completo,
la cuenca del ojo, sin ojo,
con el otro ojo de espejo.

Y ya son dos, pero en uno,
como el huevo, que los hay
de dos yemas, y las yemas
son dedos, que la natura nos da.

En un millón de años
tendremos dos, o tres, o cuatro quizá,
o puede que cinco, penes en su sitio;
en las rodillas, en el pecho, en la frente,
en los dedos.

Será el amor cosa de mundos
y la natura nos dará,
lo que siempre fue un deseo
carnal y natural:
“tener más de una cama donde dormir,
donde rezar, donde mentir, donde llorar,
donde querer, donde sufrir y donde holgar;
donde me veo la cuenca del ojo,
sin ojo, con el otro ojo al mirar"

Me voy a acostar,
y mañana habrán levantamientos;
yo quiero uno, para verme
la cuenca del ojo, sin ojo, con el otro ojo,
y ser parte de la vida, cuando la vida se parte,
y una vez partida, la mitad es sólo parte,
como el ojo que mira
hacia el más allá, que ya es pasarse;
y lo real, cuando se hace fuerte,
ve la cuenca del ojo, sin ojo, con el otro ojo
que es la viva muerte.

La lluvia era mentira,
el granizo también,
la nieve ficticia,
y el sol, un calor que no se ve.

Si un frío se siente
por la falta del Es,
en la muerte se miente,
la vana simiente
que en la vida ha de ser.

Le cantaba a una aurora,
una mañana la sien,
que pensándose viva,
al llorar ya no llora
en el fuego que aviva
quemándose bien.

Cantaré a la mañana,
si al albor, se ve blanco,
resplandor que deja estanco
si la mañana me acompaña.

Cantaré a la bella aurora,
si la aurora son tus lunas,
desierto amor las dunas
de arenas cautivadora.

Yo, arena de otro mundo,
nada siento sin lenguaje,
y desnudo estoy de traje;
siendo el verso tan profundo,
que el sentir sin equipaje
es ser rey que sin el paje,
mira y piensa iracundo
que se conspira por el aje
quien se inspira con el deje,
y se queda cual facundo,
tan hinchado y rubicundo,
como inflado esté en su peje
sin las horas y en segundos.

Y en la oleada blanca,
mi canción de otoño gris
se pavonea en la flor de lis
y aroma luz de áurea branca.

Visible llama del viento,
fugaz fulgor de frío oficio;
tranquila sombra a su servicio,
amo y señor de su lamento.

Camino de aguas tranquilo,
en la umbra del paseo,
y a la mitad del deseo,
parte roma, parte filo;
mares, sueños rojos de Morfeo,
ríos, albores fértiles de Nilo.

Ocaso en cándida niña,
vestido, que en pureza mantiene en vilo;
muerte en un paso hacia el silo,
lagar… donde la viña se hace vino.

Esencia bebida.
¡Qué dulce muerte, saber que soy parte
y debida deuda a la vida!
Transformado por obra de arte,
sin semántica ni aurora;
por expreso deseo de amarte,
la tierra que naciste
ahora te implora.

Soy un ciudadano ejemplar
en el país de la muerte,
donde sobran templos
y nunca se vuelve;
soy la alfombra del mundo,
la sombra del mudo,
que sin sombra, ni habla ni puede.

Ya se acaban los mundos
en los mundos que quemen;
los mundos sin llamas,
son los mundos que mueren.

Y hubo un mundo en la fragua
que vivió para verte,
tú, vestida de gala, vida…
Yo, al vivir soy la muerte.

Cuando conmigo converso
me miro la cuenca del ojo,
sin ojo, con el otro ojo de suerte,
que es el ojo que mira…
La mirada perdida
en la viva parte de muerte.​
 
Última edición:
Bueno, no sé qué dirá Luis. Yo me he quedado sin el ojo que no es ojo o con la Cuenca vacía, o no sé si era Ciudad Real o Albacete.
 
Es una respuesta tardía pero igualmente sincera: me siento halagado por alguien que probablemente haya compartido conmigo algo más que las coordenadas.
 
luisb.jpg


Dedicado a, e inspirado por
Luis Rubio

La mirada perdida




Me miro a los ojos
al conversar conmigo,
veo la cuenca del ojo, sin ojo,
con el otro ojo que miro.

Estoy incompleto,
y me corto una oreja,
una mano, un huevo,
un pulmón y una pierna,
y terminado me veo completo,
la cuenca del ojo, sin ojo,
con el otro ojo de espejo.

Y ya son dos, pero en uno,
como el huevo, que los hay
de dos yemas, y las yemas
son dedos, que la natura nos da.

En un millón de años
tendremos dos, o tres, o cuatro quizá,
o puede que cinco, penes en su sitio;
en las rodillas, en el pecho, en la frente,
en los dedos.

Será el amor cosa de mundos
y la natura nos dará,
lo que siempre fue un deseo
carnal y natural:
“tener más de una cama donde dormir,
donde rezar, donde mentir, donde llorar,
donde querer, donde sufrir y donde holgar;
donde me veo la cuenca del ojo,
sin ojo, con el otro ojo al mirar"

Me voy a acostar,
y mañana habrán levantamientos;
yo quiero uno, para verme
la cuenca del ojo, sin ojo, con el otro ojo,
y ser parte de la vida, cuando la vida se parte,
y una vez partida, la mitad es sólo parte,
como el ojo que mira
hacia el más allá, que ya es pasarse;
y lo real, cuando se hace fuerte,
ve la cuenca del ojo, sin ojo, con el otro ojo
que es la viva muerte.

La lluvia era mentira,
el granizo también,
la nieve ficticia,
y el sol, un calor que no se ve.

Si un frío se siente
por la falta del Es,
en la muerte se miente,
la vana simiente
que en la vida ha de ser.

Le cantaba a una aurora,
una mañana la sien,
que pensándose viva,
al llorar ya no llora
en el fuego que aviva
quemándose bien.

Cantaré a la mañana,
si al albor, se ve blanco,
resplandor que deja estanco
si la mañana me acompaña.

Cantaré a la bella aurora,
si la aurora son tus lunas,
desierto amor las dunas
de arenas cautivadora.

Yo, arena de otro mundo,
nada siento sin lenguaje,
y desnudo estoy de traje;
siendo el verso tan profundo,
que el sentir sin equipaje
es ser rey que sin el paje,
mira y piensa iracundo
que se conspira por el aje
quien se inspira con el deje,
y se queda cual facundo,
tan hinchado y rubicundo,
como inflado esté en su peje
sin las horas y en segundos.

Y en la oleada blanca,
mi canción de otoño gris
se pavonea en la flor de lis
y aroma luz de áurea branca.

Visible llama del viento,
fugaz fulgor de frío oficio;
tranquila sombra a su servicio,
amo y señor de su lamento.

Camino de aguas tranquilo,
en la umbra del paseo,
y a la mitad del deseo,
parte roma, parte filo;
mares, sueños rojos de Morfeo,
ríos, albores fértiles de Nilo.

Ocaso en cándida niña,
vestido, que en pureza mantiene en vilo;
muerte en un paso hacia el silo,
lagar… donde la viña se hace vino.

Esencia bebida.
¡Qué dulce muerte, saber que soy parte
y debida deuda a la vida!
Transformado por obra de arte,
sin semántica ni aurora;
por expreso deseo de amarte,
la tierra que naciste
ahora te implora.

Soy un ciudadano ejemplar
en el país de la muerte,
donde sobran templos
y nunca se vuelve;
soy la alfombra del mundo,
la sombra del mudo,
que sin sombra, ni habla ni puede.

Ya se acaban los mundos
en los mundos que quemen;
los mundos sin llamas,
son los mundos que mueren.

Y hubo un mundo en la fragua
que vivió para verte,
tú, vestida de gala, vida…
Yo, al vivir soy la muerte.

Cuando conmigo converso
me miro la cuenca del ojo,
sin ojo, con el otro ojo de suerte,
que es el ojo que mira…
La mirada perdida
en la viva parte de muerte.​

Bello homeje visto desde esa extendida experiencia de la cuenca
vacia que mira el otro ojo. la voz es mirada y se contrae.
felicidades. luzyabsenta
 
Atrás
Arriba