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Los escombros

Raúl Castillo

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Los escombros


(El techo susurra un leve y apacible gotereo)

Todos los días me enfrento a la misma mesa. Las esbeltas patas de caoba con su tope de geométricas lozas de piedra sostienen una Remington Rand—mi recordatorio inmueble/monumento utópico— y el mismo jarrón de "inermes flores" que descaradamente semejan la vida. Sé que están muertas, o no vivas, porque ya hace más de cinco años que no mudan ni un pétalo, ni una hoja; tampoco decoloran. Los amarillos y anaranjados permanecen intactos, brillantes, burlones; los verdes, los mismos de siempre, sólo falta el legitimista olor del Kentucky blue grass, el de la grama recién cortada, que en la primavera me da la ilusión sensible que completa la imagen. El señor Smith, cuyo nombre completo me escapa, acompaña a la mesa; me mira fijamente, casi con recriminación, humeando por la esquina de la boca una columna etérea, escueta y frágil que da volteretas.

Un poema impreso de Ferreira me recita:

“Eternamente / huyendo nos perseguimos. / Huellas de sierpes infinitas / en la arena perenne del desierto”, mientras dos elefantes de plomo juegan su tug of war flanqueando libros de Borges, Kafka y otros que aún no he leído.

(El fonógrafo heredado raya el vinil de Handel; “Endless Pleasure, Endless Love” , de la opereta Sémélé)

La pantalla de mi portátil modela en segundo plano una antigua y lúgubre casa balcánica de elaboradas cornisas: resaltan, dos ventanas de inmaculado cristal y el contraste que ofrecen sus curtidas y raídas cortinas, una vez blancas. Nunca deja de maravillarme su detalle, inclusive hoy. El cursor en mi procesadora de palabras pestañea como si aprobase el indiscreto pintalabios del cuello que la cámara-web me revela. Llevo puesta la misma camisa de ayer, color pálido azul, que hace más visible la intrusa mancha de café en el bolsillo, y otras que semejan un mural del Bronx salpicado con grafiti humano. Una corbata pende de la perilla en la única puerta de entrada como enarbolada bandera blanca de tregua.

Tengo otra visita. El hombre y la mujer de la sala descansan plácidamente, como si nada les importara, uno en el sofá y el otro en la alfombra mirando a la ventana, donde, parsimoniosamente, escurre la llovizna. Son mis vecinos del primer piso. Ella, una bella y joven aspirante a cantante de Ópera, él un vendedor ambulante sin trabajo fijo pero con el beneficio de los descuentos en las aerolíneas, usualmente reservados, para viajeros con millas frecuentes. Yo, el escritor bloqueado, ahora rebosante de ideas, maquinando mi próximo libro donde los escombros de la sala serían los protagonistas. Sólo me mortifican un poco las apremiantes sirenas urbanas… Y el viscoso líquido que humedece mis pies.

—¡Ah! ya recuerdo, Smith, Smith &; Wesson.

(y se fue a buscarlo)

Raúl Castillo Soto (2010)
Descargar en PDF: Los escombros.
Pueden distribuirlo libremente para su lectura.
 
Última edición:
Permiso, un momento... ya. De pie aplaudo y grito: Bravooooooooooo.
Wow Raúl, eres genial (Pedro también, jejeje).
Besazos mi querido y admirado poeta y claro, tutte le stelle del firmamento,:::hug:::
 
Gracias por llegar Francisco. Hace un par de meses decidí darle un descanso a la poesía y retomar la pluma esquiva e insolente de la prosa. Veremos donde me lleva, este es uno de varios relatos que intento seguir editando en preparación a reunirlos con otros que yacen engavetados, por olvidados o malos. Gracias por iniciar la discusión.
Un abrazo.
excelente prosa poeta, felicidades....me ha encantado
 
Jejeje, si culpable, le robe a Pedro un par de versos para hacerlo cómplice. No tiene escapatoria. Aunque no creo que me sirva ese argumento en corte. Gracias Liz.
Besos, y al novio...solo un abrazo OK?
Permiso, un momento... ya. De pie aplaudo y grito: Bravooooooooooo.
Wow Raúl, eres genial (Pedro también, jejeje).
Besazos mi querido y admirado poeta y claro, tutte le stelle del firmamento,:::hug:::
 
Vaya amigo¡ Has conseguido que desconecte del todo en un ratito de interesante lectura.
Mi más sincera enhorabuena y un saludo.
 
geniaaal...tanta info en tan poco espacio, la musica y las visitas, me gusto lo que se vio en el portatil casi que lo vi encendido al lado mio....

saludos
 
DRDpre,
Me alegra que los jóvenes se acerquen a este microrrelato que resulta muy especial para mí, pues fue el primero del año en curso, durante el cual, me he dedicado casi exclusivamente a los hiperbreves y los micorrelatos. Nuevamente gracias por valorar nuestro humilde quehacer en la prosa.
geniaaal...tanta info en tan poco espacio, la musica y las visitas, me gusto lo que se vio en el portatil casi que lo vi encendido al lado mio....

saludos
 
Estoy leyendo tu escrito, me encuentro plácidamente tranquila ya que es lo que me transmites mientras lo hago, me encantan todos tus descripciones, leo, me deslizo con una calma interior agradable que cuando va llegando el final me indica que necesita más lectura, con ello te expreso que me ha encantado tus letras y que espero volver a leerte, un beso grande Raúl
 
Última edición:
Mayca, un honor y privilegio poder contar con tu presencia en este espacio. Gracias por valorar nuestro trabajo.
Estoy leyendo tu escrito, me encuentro plácidamente tranquila ya que es lo que me transmites mientras lo hago, me encantan todos tus descripciones, leo, mientras lo hago, me deslizo con una calma interior agradable que cuando va llegando el final me indica que necesita más lectura, con ello te expreso que me ha encantado tus letras y que espero volver a leerte, un beso grande Raúl
 
Bueno se van viendo los maestros de punta fina por prosa, un plaer verte por estos lagares, un abrazote
 
Raúl Castillo;2751765 dijo:
Los escombros


(El techo susurra un leve y apacible gotereo)

Todos los días me enfrento a la misma mesa. Las esbeltas patas de caoba con su tope de geométricas lozas de piedra sostienen una Remington Rand—mi recordatorio inmueble/monumento utópico— y el mismo jarrón de "inermes flores" que descaradamente semejan la vida. Sé que están muertas, o no vivas, porque ya hace más de cinco años que no mudan ni un pétalo, ni una hoja; tampoco decoloran. Los amarillos y anaranjados permanecen intactos, brillantes, burlones; los verdes, los mismos de siempre, sólo falta el legitimista olor del Kentucky blue grass, el de la grama recién cortada, que en la primavera me da la ilusión sensible que completa la imagen. El señor Smith, cuyo nombre completo me escapa, acompaña a la mesa; me mira fijamente, casi con recriminación, humeando por la esquina de la boca una columna etérea, escueta y frágil que da volteretas.

Un poema impreso de Ferreira me recita:

“Eternamente / huyendo nos perseguimos. / Huellas de sierpes infinitas / en la arena perenne del desierto”, mientras dos elefantes de plomo juegan su tug of war flanqueando libros de Borges, Kafka y otros que aún no he leído.

(El fonógrafo heredado raya el vinil de Handel; “Endless Pleasure, Endless Love” , de la opereta Sémélé)

La pantalla de mi portátil modela en segundo plano una antigua y lúgubre casa balcánica de elaboradas cornisas: resaltan, dos ventanas de inmaculado cristal y el contraste que ofrecen sus curtidas y raídas cortinas, una vez blancas. Nunca deja de maravillarme su detalle, inclusive hoy. El cursor en mi procesadora de palabras pestañea como si aprobase el indiscreto pintalabios del cuello que la cámara-web me revela. Llevo puesta la misma camisa de ayer, color pálido azul, que hace más visible la intrusa mancha de café en el bolsillo, y otras que semejan un mural del Bronx salpicado con grafiti humano. Una corbata pende de la perilla en la única puerta de entrada como enarbolada bandera blanca de tregua.

Tengo otra visita. El hombre y la mujer de la sala descansan plácidamente, como si nada les importara, uno en el sofá y el otro en la alfombra mirando a la ventana, donde, parsimoniosamente, escurre la llovizna. Son mis vecinos del primer piso. Ella, una bella y joven aspirante a cantante de Ópera, él un vendedor ambulante sin trabajo fijo pero con el beneficio de los descuentos en las aerolíneas, usualmente reservados, para viajeros con millas frecuentes. Yo, el escritor bloqueado, ahora rebosante de ideas, maquinando mi próximo libro donde los escombros de la sala serían los protagonistas. Sólo me mortifican un poco las apremiantes sirenas urbanas… Y el viscoso líquido que humedece mis pies.

—¡Ah! ya recuerdo, Smith, Smith &; Wesson.

(y se fue a buscarlo)

Raúl Castillo Soto (2010)
Descargar en PDF: Los escombros.
Pueden distribuirlo libremente para su lectura.

Magnífico escrito, Raúl, con el que vuelvo a deleitarme aquí. Es un honor, Maestro, ahora ya no sólo del verso, leerte y me lo haces a mí citándome. Siempre un placer.
Un fuerte abrazo desde la bahía.
 
Buen relato , un placer leerte . Estrellas y un beso .

Raúl Castillo;2751765 dijo:
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Los escombros


(El techo susurra un leve y apacible gotereo)

Todos los días me enfrento a la misma mesa. Las esbeltas patas de caoba con su tope de geométricas lozas de piedra sostienen una Remington Rand—mi recordatorio inmueble/monumento utópico— y el mismo jarrón de "inermes flores" que descaradamente semejan la vida. Sé que están muertas, o no vivas, porque ya hace más de cinco años que no mudan ni un pétalo, ni una hoja; tampoco decoloran. Los amarillos y anaranjados permanecen intactos, brillantes, burlones; los verdes, los mismos de siempre, sólo falta el legitimista olor del Kentucky blue grass, el de la grama recién cortada, que en la primavera me da la ilusión sensible que completa la imagen. El señor Smith, cuyo nombre completo me escapa, acompaña a la mesa; me mira fijamente, casi con recriminación, humeando por la esquina de la boca una columna etérea, escueta y frágil que da volteretas.

Un poema impreso de Ferreira me recita:

“Eternamente / huyendo nos perseguimos. / Huellas de sierpes infinitas / en la arena perenne del desierto”, mientras dos elefantes de plomo juegan su tug of war flanqueando libros de Borges, Kafka y otros que aún no he leído.

(El fonógrafo heredado raya el vinil de Handel; “Endless Pleasure, Endless Love” , de la opereta Sémélé)

La pantalla de mi portátil modela en segundo plano una antigua y lúgubre casa balcánica de elaboradas cornisas: resaltan, dos ventanas de inmaculado cristal y el contraste que ofrecen sus curtidas y raídas cortinas, una vez blancas. Nunca deja de maravillarme su detalle, inclusive hoy. El cursor en mi procesadora de palabras pestañea como si aprobase el indiscreto pintalabios del cuello que la cámara-web me revela. Llevo puesta la misma camisa de ayer, color pálido azul, que hace más visible la intrusa mancha de café en el bolsillo, y otras que semejan un mural del Bronx salpicado con grafiti humano. Una corbata pende de la perilla en la única puerta de entrada como enarbolada bandera blanca de tregua.

Tengo otra visita. El hombre y la mujer de la sala descansan plácidamente, como si nada les importara, uno en el sofá y el otro en la alfombra mirando a la ventana, donde, parsimoniosamente, escurre la llovizna. Son mis vecinos del primer piso. Ella, una bella y joven aspirante a cantante de Ópera, él un vendedor ambulante sin trabajo fijo pero con el beneficio de los descuentos en las aerolíneas, usualmente reservados, para viajeros con millas frecuentes. Yo, el escritor bloqueado, ahora rebosante de ideas, maquinando mi próximo libro donde los escombros de la sala serían los protagonistas. Sólo me mortifican un poco las apremiantes sirenas urbanas… Y el viscoso líquido que humedece mis pies.

—¡Ah! ya recuerdo, Smith, Smith &; Wesson.

(y se fue a buscarlo)

Raúl Castillo Soto (2010)
Descargar en PDF: Los escombros.
Pueden distribuirlo libremente para su lectura.
 
La acuarela se hace prosa
en cada rincón del escenario
las imágenes que llevan al lector
por ese vuelo de madrugadas insomnes
transportándole a ese tu mundo
donde cada objeto cuenta
he visto de la mano de tus letras
cada escena en blanco y negro
y la he transportado al colorido
paisaje que se tiende en la alfombra
de tus abecedarios.
Siempre mi admiración mi querido Raúl
Nunca defraudas
Cariños
Ligia
 
Ligia Calderón Romero;2783416 dijo:
La acuarela se hace prosa
en cada rincón del escenario
las imágenes que llevan al lector
por ese vuelo de madrugadas insomnes
transportándole a ese tu mundo
donde cada objeto cuenta
he visto de la mano de tus letras
cada escena en blanco y negro
y la he transportado al colorido
paisaje que se tiende en la alfombra
de tus abecedarios.
Siempre mi admiración mi querido Raúl
Nunca defraudas
Cariños
Ligia
Tus palabras son ese balsamo que nos salva y obliga a seguir tratando de mejorar Ligia. No tengo palabras, te dejo un enorme gracias, que hoy parece insuficiente al leer y releer tu noble comentario.
Besos.
 
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