Mayca
ES EL MOMENTO DE DESPERTAR A LA ESPIRITUALIDAD

Distorsionando la realidad, encubriendo el porvenir, deseando lo que no está, persiguiendo un fantasma de emociones que hacen de la vida ilusiones que no llegan, no tomando la existencia como lo meramente importante, el desaliento continua siendo el principal motivo para enredarte en esas ramas que se descuelgan con facilidad haciéndote caer constamente en ese vacío existencial que no te pertenece
Luchas por esos falsos ideales que te aparecen para apagar los luceros que te tienden el destino, encontrando trabas que te colocan en un mundo donde sólo existen resistencias constantes. No mires al pasado, sigue, porque lo inimaginable esta por llegar, cuando ello aparezca te conmoverás, desearás jugar con las estrellas contemplando desde el cielo las nubes espesas que pasaron, que quedaron en el olvido.
En lo alto donde no existe el malestar, donde todo se vence ya que el nuevo día amanece con destellos que toman formas agradables haciendo que un hormigueo te pasee por el cuerpo, transmitiendo a tu exterior esa experiencia de placer que te hace vibrar, regalándote ese don de dejar fluir tus sentimientos, donde se abren las vías de comunicación para entregar ese regalo que le corresponde a toda la humanidad.
El secreto consiste en dejarse llevar por el corazón, aunque siempre dándole importancia a la razón porque independientemente de lo que nos queda aquí en la tierra, cuando él late con ese sonido constante nos está llamando a entregarnos la bondad amorosa, que nos alimenta de la mayor energía, ésa que nos abre los ojos del alma, la que nos hace disfrutar de la contemplación del espíritu en su máximo apogeo.
Todo ello se guarda en el interior, pero dadas las circunstancias de la vida no se muestra, no dejando escapar ese sentimiento de bondad que nace de nuestro espíritu, ya que tanta dureza en el exterior, tanto pensamiento negativo del que nos hayamos envuelto, no nos permite ver el regalo que nos ofrece diariamente la vida, el hecho de ser y estar en este mundo, donde todo lo intangible es regocijo de una paz que no se destruye, siempre que estemos bien con nosotros mismos.
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