El mentiroso
Poeta recién llegado
Sobrevive todavía una luz grasienta
En el cementerio de poetas
Cuando el silencio se ha hecho ya con las calles
Y los sueños aterrorizan las terrazas de la noche
El Lector
Resto humano del pecado de la curiosidad
Despierta a los creadores
con el hechizo aprendido
Aparecen ante él
El griego de ancha espalda
El romano piadoso
Y el vidente francés
Que observan con sorna
Como el Lector hurga en sus heridas abiertas
Como bebe su sangre cargada de pecado
Y se carcajean ante su desconcierto
El griego lo lleva de los hombros
Ante los mas alto de la creación
Le revela el compás al que se mueven los astros,
La melodía ultrasónica del mundo
Y lo deslumbra con la pureza del sol supremo
El romano le golpea
Con todas las virtudes que jamás podrá tener
Los exóticos mundos que jamás podrá soñar
Y la perfección que no podrá ni admirar
El francés lo empuja a los límites de la locura,
Le muestra los abismos,
El calor del infierno,
Las garras de la bestia
Y lo hunde en el lodo de la herejía
Pero la curiosidad,
La ingenua y suicida curiosidad
No hace más que acrecentar a cada golpe
Y se convierte en un demonio que se alimenta de la desesperación
Del desconcierto
Y que ansía siempre más y más
Y destruye al Lector
Transformándolo en el fantasma eterno
En busca de la sabiduría ya inventada
Mientras los horas acarician, como sin querer
Los cabellos indómitos de la Ciudad Dormida
En el cementerio de poetas
Cuando el silencio se ha hecho ya con las calles
Y los sueños aterrorizan las terrazas de la noche
El Lector
Resto humano del pecado de la curiosidad
Despierta a los creadores
con el hechizo aprendido
Aparecen ante él
El griego de ancha espalda
El romano piadoso
Y el vidente francés
Que observan con sorna
Como el Lector hurga en sus heridas abiertas
Como bebe su sangre cargada de pecado
Y se carcajean ante su desconcierto
El griego lo lleva de los hombros
Ante los mas alto de la creación
Le revela el compás al que se mueven los astros,
La melodía ultrasónica del mundo
Y lo deslumbra con la pureza del sol supremo
El romano le golpea
Con todas las virtudes que jamás podrá tener
Los exóticos mundos que jamás podrá soñar
Y la perfección que no podrá ni admirar
El francés lo empuja a los límites de la locura,
Le muestra los abismos,
El calor del infierno,
Las garras de la bestia
Y lo hunde en el lodo de la herejía
Pero la curiosidad,
La ingenua y suicida curiosidad
No hace más que acrecentar a cada golpe
Y se convierte en un demonio que se alimenta de la desesperación
Del desconcierto
Y que ansía siempre más y más
Y destruye al Lector
Transformándolo en el fantasma eterno
En busca de la sabiduría ya inventada
Mientras los horas acarician, como sin querer
Los cabellos indómitos de la Ciudad Dormida