Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
PRISIONERO CUERPO ADENTRO
Prisionero cuerpo adentro.
Encubro rutas varias que son
posesiones del ocaso
en mi rúbrico cielo.
Cuerpo adentro
es inútil el puente
que arrima barcas de improperios.
Dentro
árboles yertos esperan
la inclinación del día
para empinar sus raíces y dispersar
el polen que acarrean sus esporas.
La podredumbre de los cuerpos.
Lamiendo soberbias cabezas
de estupores añosos y dañinos
cruje la sombra,
sorben soliloquios.
Decantan las esperas
su magno zumo de estiércol.
Conjurar distancias
pudiendo alardear de granos y encinas,
ese trayecto
que absorve la nostalgia
y disipa el tedio.
Prisionero,
cuerpo llano y exiguo queda.
Encomio de sinuosa virtud
de oxidados tufos
hasta la próxima vida.
La soledad ceja la corteza de su fierro.
Entrecorta el estrecho cuerpo.
Hiere y monda su carne
y se queja.
Prisionero
Adentro del cuerpo
todo es devoción de estrella,
magulladoras de luz,
alambiques de sueño.
Prisionero cuerpo adentro.
Encubro rutas varias que son
posesiones del ocaso
en mi rúbrico cielo.
Cuerpo adentro
es inútil el puente
que arrima barcas de improperios.
Dentro
árboles yertos esperan
la inclinación del día
para empinar sus raíces y dispersar
el polen que acarrean sus esporas.
La podredumbre de los cuerpos.
Lamiendo soberbias cabezas
de estupores añosos y dañinos
cruje la sombra,
sorben soliloquios.
Decantan las esperas
su magno zumo de estiércol.
Conjurar distancias
pudiendo alardear de granos y encinas,
ese trayecto
que absorve la nostalgia
y disipa el tedio.
Prisionero,
cuerpo llano y exiguo queda.
Encomio de sinuosa virtud
de oxidados tufos
hasta la próxima vida.
La soledad ceja la corteza de su fierro.
Entrecorta el estrecho cuerpo.
Hiere y monda su carne
y se queja.
Prisionero
Adentro del cuerpo
todo es devoción de estrella,
magulladoras de luz,
alambiques de sueño.
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