MIRO EL CUARTO MENGUANTE
Miro el cuarto menguante tirado por alas
cuando las nubes abren sus brazos eternos
y mientras las sombras acechan en los bordes
en la agonía del pájaro dormido por olvidos.
Encontrarme a,
tus líneas para fundirme en ese pétreo espíritu,
fuego en los ojos desiertos y viajero de la noche.
Ser transeúnte de tus homenajes con miradas
de ajenas voluntades, recónditas y atmosféricas.
Doy un abrazo eterno al oráculo sagrado,
trepan hasta mi lluvias de arañas de pasión,
una malherida humedad de azares oprimidos
por bellos albatros azulados de menguantes.
Hallarme con,
las bellas nieblas de lunas que se tropiezan
para ser una sed de velos salvados, cuando
nos encontramos en las cosechas sagradas
desde las que preguntar por la casa rodante.
¿Dónde esta nuestro encuentro?
Discípulos de los rocíos de fuegos pronosticados,
despedimos las tardes desde el follaje del amor
cuando las rodillas de exultantes hojas rojas
nos ofrecen sueños de hermosa mandrágora.
Arroparme en,
el desgarro del desnudo cuerpo bajo el techo
de una noche de pechos besados y descubiertos
que se ocultan entre un amor de sangre difusa,
impregnada y sedienta de las pasiones pulidas.
¡Ya llego a esa eternidad!
Y en esta noche, beber el delirio de los corazones
y abrazar su puerta de afectos y fuegos buscados
donde agotar el infierno del deseo no olvidado,
cuando aparecemos abrumando a lo prohibido.
Es así.
Veo el camafeo que proyecta tu nombre.
Mar, ya camino como un incompleto loco
desatando el ramo extenso de las ternuras
del juego de esa libertad entre creencias.
Es la hermosura de tu piel que me habla,
esa magia de la danza de unas emociones
que, en su complicidad de eternidades, rocía
y busca la psicosis de los fuegos entregados.
* * * * * * *
luzyabsenta
Miro el cuarto menguante tirado por alas
cuando las nubes abren sus brazos eternos
y mientras las sombras acechan en los bordes
en la agonía del pájaro dormido por olvidos.
Encontrarme a,
tus líneas para fundirme en ese pétreo espíritu,
fuego en los ojos desiertos y viajero de la noche.
Ser transeúnte de tus homenajes con miradas
de ajenas voluntades, recónditas y atmosféricas.
Doy un abrazo eterno al oráculo sagrado,
trepan hasta mi lluvias de arañas de pasión,
una malherida humedad de azares oprimidos
por bellos albatros azulados de menguantes.
Hallarme con,
las bellas nieblas de lunas que se tropiezan
para ser una sed de velos salvados, cuando
nos encontramos en las cosechas sagradas
desde las que preguntar por la casa rodante.
¿Dónde esta nuestro encuentro?
Discípulos de los rocíos de fuegos pronosticados,
despedimos las tardes desde el follaje del amor
cuando las rodillas de exultantes hojas rojas
nos ofrecen sueños de hermosa mandrágora.
Arroparme en,
el desgarro del desnudo cuerpo bajo el techo
de una noche de pechos besados y descubiertos
que se ocultan entre un amor de sangre difusa,
impregnada y sedienta de las pasiones pulidas.
¡Ya llego a esa eternidad!
Y en esta noche, beber el delirio de los corazones
y abrazar su puerta de afectos y fuegos buscados
donde agotar el infierno del deseo no olvidado,
cuando aparecemos abrumando a lo prohibido.
Es así.
Veo el camafeo que proyecta tu nombre.
Mar, ya camino como un incompleto loco
desatando el ramo extenso de las ternuras
del juego de esa libertad entre creencias.
Es la hermosura de tu piel que me habla,
esa magia de la danza de unas emociones
que, en su complicidad de eternidades, rocía
y busca la psicosis de los fuegos entregados.
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luzyabsenta