Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MEDIODÍA
Mediodía untando silabas al aire.
Es verdad, está sucediendo,
este silencio de broqueles consumados.
Por qué temer ahora los labio?
Dejen que consuman los cirios
y descubran los gemidos que apaciguan los espejos;
votiva necesidad de ser el sobrio centro
que deberá servir de trinchera,
de ardid o de atalaya;
desde allí disparar óscuros pasadizos a la ausencia,
purificar ese quiño afeitando las mejillas,
alféizares de un engrudo hermoseando los sentidos,
mientras
se es un don de nadie veraniego.
Flecha incircuncisa del instante,
acaso te dispare
al centro del miedo, de la palabra ruina,
para llegar gimiendo a los olvidos.
Mediodía untando silabas al aire.
Es verdad, está sucediendo,
este silencio de broqueles consumados.
Por qué temer ahora los labio?
Dejen que consuman los cirios
y descubran los gemidos que apaciguan los espejos;
votiva necesidad de ser el sobrio centro
que deberá servir de trinchera,
de ardid o de atalaya;
desde allí disparar óscuros pasadizos a la ausencia,
purificar ese quiño afeitando las mejillas,
alféizares de un engrudo hermoseando los sentidos,
mientras
se es un don de nadie veraniego.
Flecha incircuncisa del instante,
acaso te dispare
al centro del miedo, de la palabra ruina,
para llegar gimiendo a los olvidos.
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