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Pedazos del alma (poetakabik)

poetakabik
Pedazos del alma (poetakabik)
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Si la Navidad viviera todo el año,​
no sería una fiesta, ni un instante,
sería una forma humilde de mirarnos,​
un modo de entendernos… más constante.

No hablaríamos de paz como promesa,
sino como deber de cada día:
no esperaríamos milagros desde fuera,
sabríamos que el milagro nace en vida.​

Comprenderíamos, tal vez, que la ternura​
no es debilidad, ni fuga, ni consuelo,
sino la fortaleza silenciosa
de quien elige amar… aun con desvelo.​

Si la Navidad no fuese calendario,
veríamos que el hombre se sostiene
no por lo que recibe y lo celebra,
sino por lo que entrega y lo mantiene.​

Entonces descubriríamos, quizá,
que el mundo no es más frío por destino,
sino porque olvidamos cada día
la llama que llevamos desde niños.​

Si la Navidad durara eternamente,
no habría un “tiempo santo” y “tiempo oscuro”:
habría una conciencia más despierta,
más responsable, más humana, más seguro.​

Y entenderíamos, por fin, despacio,
que el amor no es regalo ni promesa,
sino un trabajo diario con el alma…
una victoria íntima… sobre la tristeza.​
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Cuando callen los silencios
y no canten los jilgueros,
cuando se sequen los ríos
y todo quede desierto,
cuando las palabras vuelen
y se evadan en el viento,
cuando los hombres no sepan
si están vivos o están muertos,
cuando el tiempo se diluya
entre el espacio y el viento,
cuando nazcan mariposas
sólo de color negro,
cuando los grillos se callen
porque la noche haya muerto,
cuando el sol se encuentre solo
y a nadie le de su aliento,
cuando lleguen caprichosos
los fantasmas del averno
para ver como ha quedado
el laberinto del tiempo,
cuando la triste figura
de algún caballero muerto,
con su caballo ruano
por las colinas deambule,
por blasón llevara puesto
una armadura de hierro
y en su mano una bandera
de risas y desacierto,
yo estaré con mi utopía
soñando que estoy despierto,
y apenas me daré cuenta
de que también estoy muerto
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Son los versos las espinas



que te clavan en la cruz,



las rosas que te regalan,



bajo la mirada azul



de los ojos... que te aman.



Son los labios que te llaman



los besos que te olvidaron,



las aguas que te mojaban



los sueños... que te soñaron.



Son las palabras calladas



que acarician tus oídos,



las mariposas aladas,



que en el jardín de tu cara



vuelan... sin hacer ruido.



Son los versos la ternura



la ilusión la simpatia,



las gotas que cada día



dan pasión a la aventura



que nos ofrece la vida.
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Los versos son la herramienta

que utilizan los poetas

para subir hasta el cielo

y jugar con los cometas.


Son elocuentes, mordaces,

sibilinos y arrogantes,

son pequeños fabricantes

de cualquier cosa capaces.


Pueden y saben hacer

un ejercito en palabras,

y al más valiente caer.

con el arma de sus voces


Enigmáticos paisajes

áridos de sol y oasis,

cuadros sedientos de sed.


Y engendrar también después

el mar, y a su lejanía,

ponerla siempre a sus pies.


Brotar caducas historias

y con tres palabras juntas,

amor, pasión y locura

seducir a la memoria



Son los versos el enigma,

la paleta y los colores

con que pintan los poetas

el cuadro de sus amores
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Los versos son la envoltura

del sentir de los poetas

son cantares, son saetas

que penden de su cintura.

Con jirones de la pena

y pedazos de alegria,

forman juntos la condena

a la que llaman poesía.

Se agarran a la esperanza

aunque no exista asidero,

y ponen en la balanza

tanto plumas, como acero.

Vencen quimeras hostiles

y luchan a campo abierto,

navegan por el desierto

y por los mares de Aquiles.

Siempre sus velas henchidas

desafiando tempestades,

con las mentiras, verdades

van curando las heridas.

Y despacio el terciopelo

de la pluma que los mece,

los adorna y enloquece

y los vuelve caramelo.

Los versos son la envoltura

la coraza, la diadema,

eterna brasa que quema

y el bálsamo, que nos cura.
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Extrañamente hoy parece que te extraño
es raro pero a veces me cuesta recordar,
y pienso los momentos que pude hacerte daño
sabiéndote asaltada por tanta soledad.

Es cierto no lo niego, que a veces soy huraño,
que busco lo imposible y a veces es verdad,
que siento entre mis manos las tuyas como un paño
de besos y caricias llenas de suavidad.

Quizás cuando te miro tu sepas los temores
que arropan los caprichos que esconde mi mirar,
y llega tu mirada y cesan los temblores,
que acuden a mi boca cuando te empieza hablar.

Tal vez no me de cuenta de que a veces te extraño,
y subo la escalera y sin mirar atrás,
por descuido tropiezo tal vez algún peldaño,
se oponga a los intentos y aleje el caminar.

Pero no te preocupes porque te extrañe ahora
este humilde poeta solo escribe por ti,
tú sabes que te siente, tú sabes que te adora,
que sus versos van llenos de rosas para ti.
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Llegan rayos ardorosos
del nuevo sol que amanece,
de los andenes del tiempo
y el silencio... se estremece
en pasos que presurosos
entre las olas del viento,
vuelan y desaparecen.
La luz... disipa la noche
increpa su compostura,
saludando con dulzura
cuando de nuevo aparecen
los días entre sus brazos.
Nadan luciérnagas blancas
entre luces de colores,
y al amanecer florecen
en los jardines de flores
traviesas ave Marías,
dando perfumes y olores
y regalando alegrías.
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En la bóveda celeste
de los arcos que sostienen
la catedral de la vida,
están cantando las horas
mientras esperan los días,
y en el nogal de los tiempos
suenan nuevas melodías,
acompañando a los años
deshojando las esperas
de aquellas horas tardías,
mientras... llueven los momentos
de próximas tardes mías
cuajadas de sentimientos.
Arde mi boca en deseo
de ser tu boca en la mía,
el beso que en un seseo
se escapa cual gota fría
del vaso presa y rebosa,
al notar con alegría
tus labios, su alevosía,
la cintura de tu boca,
el palpitar de un aliento
mientras tu pecho latía,
volviendo fuego la roca
que en mi pecho se escondía.
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Sentado en aquel banco
mirando hacia las vías,
llorando sus pesares
se encuentra un verso blanco
hurgando en la trastienda,
de tantas soledades,
y el eco de los días
repite un triste canto,
“Parece que tu llanto
no tiene solución,
las rimas poco a poco
se fueron diluyendo
cayendo ya vacías,
huyendo de tu espanto”.

Las lágrimas brotaban
y el caudaloso río,
al mar las arrastraba
pintándolas de frío,
y mientras se asomaba
cubierto de rocío
el beso que le daba,
y el eco ya tardío
cansino armonizaba
de nuevo la canción.
“Parece que tu llanto
no tiene solución,
huyendo de tu espanto
se fueron diluyendo
las rimas poco a poco,
cayendo en erosión.

Mas... afortunadamente
abrió los ojos el verso
y se sintió diferente,
dándole salida al beso
que depositó en su frente,
así dejó de estar preso,
y se lanzó más ardiente
volviendo brasas los hielos
nadando contracorriente,
remontando hasta los cielos,
Se callo el eco lejano
y se escucho esta canción,
“Musas acudid temprano
y dadme la conjunción,
que las rimas con su mano
me traigan la solución
para que me sienta humano”.
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En la estación del olvido
hay caricias aparcadas,
y el tren de las amapolas
con su silbido las llama,
y corren por sus andenes
alegres besos con alas,
buscando labios perdidos
que robaron madrugadas.
Pasan las horas inciertas
minutos a bocanadas,
dejando al reloj del tiempo
sentadito en su peana,
ruge el tic tac tras los vidrios
jugando a las escapadas,
con las caricias que llegan
en esquinas rebuscadas.
Por los gritos del silencio
de un laberinto se escapa,
arrollando con suspiros
el tedio que le delata.
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En la estación del olvido
están guardados los besos,
aquellos que se olvidaron,
en una consigna presos
por la cárcel de los tiempos
sin esperanza a un descuido,
mirando, lo ya vivido
resbalando entre los cuerpos,
en sus traviesas hundidos
quedan todos los recuerdos,
pensando, que son vencidos
por las manijas del tiempo.

En el anden transitando
quedan migajas de sueños,
agarrados a las sombras
de los vagones más viejos,
Y ya la locomotora
se despereza y arranca,
con aires de primavera
como una joven potranca,
acelera su carrera
para llegar a los besos
que dejó en la carretera.
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