Ayer casi pierdo la vida,
no fue el destino ni el azar,
que terrible enfermedad temida,
que no me quiso perdonar.
Que sensación más retorcida,
saber que se acerca el final,
y que de una sacudida,
ya no habrá otro despertar.
Caí como un ave abatida,
casi a punto de cazar,
y aún sin mostrar heridas
comenzaba a agonizar.
Que tristes son las despedidas,
cuando el alma empieza a fallar,
no te das cuenta de que tu partida,
ya no te dejará soñar.
Ver el archivos adjunto 65775
no fue el destino ni el azar,
que terrible enfermedad temida,
que no me quiso perdonar.
Que sensación más retorcida,
saber que se acerca el final,
y que de una sacudida,
ya no habrá otro despertar.
Caí como un ave abatida,
casi a punto de cazar,
y aún sin mostrar heridas
comenzaba a agonizar.
Que tristes son las despedidas,
cuando el alma empieza a fallar,
no te das cuenta de que tu partida,
ya no te dejará soñar.
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Honrado.
Saludos