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Yo que canté al sonido del agua,
me enamoré de la noche,
susurré los gemidos del amor
y los hice míos, tal vez
en algún momento
raquítico de mi existencia.
Lloré por las flores muertas,
caminé sobre las espaldas del prado verde,
saludé a las guirnaldas
de los blancos almendros,
flores de pasión de mi vida.
Anduve por lomas sedientas,
arroyos que apenas lloraban,
solo lágrimas le quedaban,
abrí la tierra y oí su lamento,
gritos internos, fuegos del infierno .
Maldije al sol cuando me quemaba el aliento,
a la bruma cuando me dejaba ciego,
al árbol sin hojas, porque no cubría
mi necesidad de un valle de bosque fresco.
Yo, este hombre sediento de amor,
que voy pasando por el tiempo fugaz,
como un meteoro que se difumina en luz,
sigo cantando a todas estás cosas
aunque están enfermas, de tanto sufrimiento.
Yo que canté al sonido del agua,
me enamoré de la noche,
susurré los gemidos del amor
y los hice míos, tal vez
en algún momento
raquítico de mi existencia.
Lloré por las flores muertas,
caminé sobre las espaldas del prado verde,
saludé a las guirnaldas
de los blancos almendros,
flores de pasión de mi vida.
Anduve por lomas sedientas,
arroyos que apenas lloraban,
solo lágrimas le quedaban,
abrí la tierra y oí su lamento,
gritos internos, fuegos del infierno .
Maldije al sol cuando me quemaba el aliento,
a la bruma cuando me dejaba ciego,
al árbol sin hojas, porque no cubría
mi necesidad de un valle de bosque fresco.
Yo, este hombre sediento de amor,
que voy pasando por el tiempo fugaz,
como un meteoro que se difumina en luz,
sigo cantando a todas estás cosas
aunque están enfermas, de tanto sufrimiento.
Combinación saludable para los enamorados.
Un abrazo fuerte.