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Tú mirada es fuego en mis entrañas
agua que sacia mi sed, fantasía de miel
que alborotando mis sentidos de almendro
viejo, me consuela el aliento.
Enredado en tus ramas estoy
como un poto en las paredes
de mi cuarto, una sinfonía
que seduce mi alma.
Oh, pino polvoriento del camino
brillando ostentosamente,
bajas a pedir clemencia con tu arrogancia
desmedida, ayúdame a ser viento.
La ladera de mi alma está
violentada con ese cielo gris extremo;
mándame un rayo, Dios sereno,
esparce el alma con tu mirada.
El socorrido lamento del viejo algarrobo,
me conduce a caminos de amapolas,
en un lecho de ternura y lamento;
el campo, desvanecido, esperando
la lluvia se muestra indiferente
ante tales acontecimientos.
Un rayo de luz, un gran estruendo:
los pájaros revoloteando, las nubes
lloran, las margaritas ríen y yo
mojándome como un tonto me quedo.
Tú mirada es fuego en mis entrañas
agua que sacia mi sed, fantasía de miel
que alborotando mis sentidos de almendro
viejo, me consuela el aliento.
Enredado en tus ramas estoy
como un poto en las paredes
de mi cuarto, una sinfonía
que seduce mi alma.
Oh, pino polvoriento del camino
brillando ostentosamente,
bajas a pedir clemencia con tu arrogancia
desmedida, ayúdame a ser viento.
La ladera de mi alma está
violentada con ese cielo gris extremo;
mándame un rayo, Dios sereno,
esparce el alma con tu mirada.
El socorrido lamento del viejo algarrobo,
me conduce a caminos de amapolas,
en un lecho de ternura y lamento;
el campo, desvanecido, esperando
la lluvia se muestra indiferente
ante tales acontecimientos.
Un rayo de luz, un gran estruendo:
los pájaros revoloteando, las nubes
lloran, las margaritas ríen y yo
mojándome como un tonto me quedo.