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Las flores juguetean en la hierba
como queriendo conquistarnos,
y es que en Mayo se asoman sus
colores, que retozan en mis pupilas
vulneradas de vientos y de memorias.
Hasta el sol, que siempre
ha estado de pie, justo aquí donde
la madrugada se hace ausente, sabe que
en nuestros corazones pernoctan la voz,
la duda, las sombras y no amanece.
Más allá del callado murmullo,
nos abandonamos al bosque, quieto,
con la neblina besando las cimas,
plenas de ilusiones, sin reconocer
el gris que se aferra al silencio.
Y no es que la mañana no haya lamido
tu diestra, es que no encontró
tus huellas al regreso, y se quedó
empapada de tierra bajo el manantial
que desciende desde tu pecho.
En el minuto en que se desdibuja
el tiempo, llega el infinito vestido
de mañanas a rescatarnos.
Son esas sombras que habitan
el paisaje que va quedando de mí
cuando se despliega la noche.
Corazones extraviados,
de horas sembradas de ausencias
que dejan su aliento en cada latido,
de letras de un poema que nunca termina de escribirse.
Mi espíritu vuela sin rumbo,
en una alocada carrera sin destino,
no sé dónde va mi alma,
en busca de un lugar, lejos de tu boca,
de tu beso que ya no me alcanza,
es como renunciar a tus manos sin jamás haber sentido tu abrazo.
Como estar desahuciada,
deshabitada de palabras,
de versos que se escapan entre las hojas y ya no se pueden alcanzar.
Un camino que conduce a un tiempo
desconocido, ausente de ti,
sin un amor que sepa amar,
como esos troncos vacíos
que se doblan sin poder soportar
la soledad de un bosque sombrío,
donde solo se escuchan los ecos
de la noche en un poema
que ya no te nombra.
Desnuda avanza la tarde
como queriendo abrazarse a tu sombra,
el mar es un sueño que persiste,
honda herida que separa nuestros cuerpos
amantes silenciosos,
ausentes de sus manos.
El verano aprieta la sed
que yace impasible entre la piel,
como una forma desnuda
abriéndose paso por la calle.
Y que sabemos de almas vencidas
o de esas lágrimas
que nos lloraban en las tardes,
subiéndose a la rama de algún árbol?
Afuera era apenas un esbozo de noche,
y nosotros nos aferramos a la risa
como esa luna que alarga su estancia
con la excusa de esperar al sol cada mañana.
Ya no hay prisa,
la vida nos espera en cada esquina.
Ahora, hablemos de nosotros.
Es un cristal resquebrajado donde guardo mi desamparo, testigo inexorable de mi tiempo
que se aposenta en la ventana.
La página en blanco
en la que me escribo a ratos
para dejar de existir,
o la palabra no pronunciada de tus labios.
Es esa luna que acompaña mis lamentos intrusa en las llanuras de mis noches
que se escapa entre mis dedos,
como soplo de viento,
donde se extravía mi voz,
o un desahogo oportuno
que transita mis abismos
vulnerando la tristeza
arraigada a los rincones del alma.
Hoy se vierte en la piel
tormenta silenciosa,
regando de recuerdos
el gris resplandor
de esta nueva soledad.
Tanta noche, tanta luna
tantos motivos rondando las miradas
purpúrea orquídea deshojada, tan lejana.
Vasto océano dormido acuñando esperanzas.
Tantas horas alojadas en un viento
que sopla desde el norte,
árida distancia soportando soledades.
Tanta lluvia cayendo en la ventana
caudal inmenso rozando tempestades.
Tanto por querer desbocando quietudes
alboreando sueños de gitana.
Tanta indiferencia llorando labios desgastados
hijos del mañana, manos arrugadas abrazando.
Hoy has sido luna
asomado por las grietas de mi piel,
como pájaro invisible
que desviste su trino,
anocheciendo mi sonrisa,
al desandar tu recuerdo.
Rehago la esperanza
en el sosiego agonizante de tu boca
apurando un tiempo que me esquiva,
cayendo de bruces sobre mi sombra.
Se mide la nostalgia con mi lágrima
en solitaria carrera
donde descansa tu ausencia.
- orfandad de alma -
mientras el sol bosteza impaciente
y se aleja, y te aleja.
En este desencuentro de cuerpos,
nos miramos desde la solemne mudez
de la piedra, sigilosos,
abajo, la cama se viste de blanco.
Mis manos trémulas
se aferran a este ocaso,
donde la luz se niega a mis ojos,
y se hace llanto mi voz.
No es mi cuerpo
que reposa tras las rejas,
es mi alma que se debate
entre las sombras de su dolor,
dolor de tierra, dolor de hombres.
Un alma prisionera, mi alma,
que luchó y perdió su libertad,
que fue condenada por la vida,
torturada por lo que fue y lo que quiso ser,
allí se duele en su dolor, tras las rejas,
como una muerte aprendida en la memoria
sin retorno al viento, al cielo,
al cuerpo que la vio nacer.
Más tarde vendrá la tormenta
que traerá el reposo.