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Mis manos trémulas
se aferran a este ocaso,
donde la luz se niega a mis ojos,
y se hace llanto mi voz.
No es mi cuerpo
que reposa tras las rejas,
es mi alma que se debate
entre las sombras de su dolor,
dolor de tierra, dolor de hombres.
Un alma prisionera, mi alma,
que luchó y perdió su libertad,
que fue condenada por la vida,
torturada por lo que fue y lo que quiso ser,
allí se duele en su dolor, tras las rejas,
como una muerte aprendida en la memoria
sin retorno al viento, al cielo,
al cuerpo que la vio nacer.
Más tarde vendrá la tormenta
que traerá el reposo.
Ana Mercedes Villalobos
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Mis manos trémulas
se aferran a este ocaso,
donde la luz se niega a mis ojos,
y se hace llanto mi voz.
No es mi cuerpo
que reposa tras las rejas,
es mi alma que se debate
entre las sombras de su dolor,
dolor de tierra, dolor de hombres.
Un alma prisionera, mi alma,
que luchó y perdió su libertad,
que fue condenada por la vida,
torturada por lo que fue y lo que quiso ser,
allí se duele en su dolor, tras las rejas,
como una muerte aprendida en la memoria
sin retorno al viento, al cielo,
al cuerpo que la vio nacer.
Más tarde vendrá la tormenta
que traerá el reposo.
Ana Mercedes Villalobos