Odio su innumerable cuerpo,
su cifra interminable de vida,
su frialdad para con los demás.
Odio cada una de sus fases,
fue él quien me separo de mis amados,
y me ah orillado a terminar y a seguir,
en lo que muchas veces no quería.
Odio su mal sabor de boca, y su mal sentido del humor.
Odio el tiempo, a este prestigiado señor sin consideración.