1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Nuestras pieles, muy juntas
tan llenas de nosotros,
henchidas de amor sobre la tierra,
donde amarnos es ignorar la lluvia,
es alegría de sentir ese canto tuyo y mío,
como el milagro de estar vivos,
con tus manos y mis manos
sosteniendo nuestro tiempo.

Ana Mercedes Villalobos

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    No hay un sitio en mi vida
    que no sea un lugar sobre ti,
    has llenado mi mundo
    de letras enamoradas
    praderas vestidas de primavera
    largas caminatas bajo la lluvia
    en una secuencia de horizontes
    donde eres norte y sur.


    En esa callada voz que nos define
    convivimos,
    como respirar en tu aliento
    cuando mi aliento es tu respiro,
    o desde tu sueño que alzó mi pluma
    y se hizo septiembre, diciembre,
    apenas unas horas en la infinitud.


    Conozco la madrugada donde intuyo tu risa
    donde la ternura es el punto azul de tu mirada,
    donde vivimos hoy, porque mañana
    es la incierta brisa que desnuda la piedra.


    Soy las gotas de todas tus lloviznas
    tú el gesto que viste de eternidad mis tardes,
    que se mezcla en mi lengua
    y se adueña de todos mis poemas.

    Ana Mercedes Villalobos

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    Permaneces en la memoria de mi piel
    como un incendio donde se destiñe el día,
    tus labios sobre mis labios
    dibujando todas las formas del amor
    se imprimen en mi cuerpo como un último capricho
    apenas un silencio entre tus manos.


    Hueles a tierra mojada, a viento,
    a todos los septiembres que galopamos
    entre los árboles.


    Fuimos verano y otoño
    y miles de horas que en extraña letanía
    desfilaron por nuestras manos,
    mientras nos temblaba la noche
    bajo la luz apaciguada del granero.


    A tientas delineamos las siluetas
    presintiendo apenas los rostros
    en ese segundo en que cruzamos la mirada
    supe de lo inmarcesible y de la eternidad
    en el gris profundo donde construí mi hogar.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Siempre estás en mí,
    somos tus labios sobre los míos
    tu risa junto a mi boca,
    un soplo de aire inesperado,
    el huracán que todo lo arrasa,

    principio y final.

    Tu amor es el refugio
    hacia donde apresuro mis pasos
    en algún lugar de este infinito
    donde siempre estás.


    Te presiento tan cerca
    en esos momentos de luz,
    en que mi pluma
    se hace dueña de mis sentimientos,
    de mis palabras,
    de mis anhelos.


    Regálame tu risa,
    tu paz, dame el azul del cielo y ámame,
    llena mi cuerpo con tu fuego,
    como esa lluvia intermitente
    que se cuela por mi piel,
    dame esa ternura que dibujas con tus manos
    y despeina mis cabellos
    para que no termine mi sueño.


    Te espero aquí, detrás de este cristal
    con mi caja llena de recuerdos
    y con cada silencio
    que saborea el tono de tu alma.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Siguiendo el hilo que
    me une a mis nostalgias,
    te encontré pasajero de mis versos
    navegando en una luna perdida.


    Entonces descubrí que tu voz
    tomaba por asalto mi sonrisa,
    que se va llenando de encuentros.

    Y así, sin avisarme,

    te adueñas de mis días.

    Entre palabras escondidas
    resucitas viejos sueños.

    Y yo, comienzo a extrañarte
    y me gusta.


    Ana Mercedes Villalobos
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    Es ese minuto del amor
    que puede también ser toda la eternidad
    o el tiempo que dura tu voz en mi ventana.

    Abro los ojos para enredarme en tu mirada
    veo la luna a tus espaldas
    y se que no te puedes ir.


    Aquí estoy por si abres tus brazos,
    en este rincón en que dejo mis versos,
    soy del viento, de tu piel, de ti.


    Vuela mi corazón hacia tu boca
    quiero escribirme como una carta de amor
    que viva en el universo de tus manos
    en ese pensamiento que se hace tarde
    al borde de mi pluma y se pronuncia
    entre tus labios en ese verbo que te amanece.


    Porque nosotros somos los recuerdos del ayer
    y la realidad de este hoy,
    de estos brazos donde cada día comienza la vida,
    de este lugar donde siempre me emocionas.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Hay un instante de mi vida
    en que detengo la mirada
    más allá del quejido de las horas,
    es el breve espacio en que me ausento.

    Entre los pasillos de mi alma
    se levantan las tormentas
    que propician mis silencios,
    y allí, donde el amor comienza a doler,
    me pierdo.


    Remontando auroras levanto mi rostro.

    En los rosados violetas en que se borda el sol
    mi alma se aquieta,
    es como volar del infierno al cielo en un segundo,
    como naufragar en el océano

    reclamando tu presencia.


    En ese instante detenido en que mis labios
    son sólo un eco, un poema sin pronunciarse,
    se esfuman las voces
    y vuela la palabra rompiéndose en el viento.

    Ana Mercedes Villalobos

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  7. [​IMG]

    En el tenue latido del universo
    me urge la alegría del amanecer
    como suave y dulce melodía
    que hace posible todo entre tus brazos.

    Mientras, se inventan las caricias
    en el cálido recinto donde se prodiga el amor
    donde cada gesto tuyo dibuja mi cuerpo
    en ese perenne camino del tiempo
    que se ha llevado todas mis nostalgias
    en un exilio de silencios y ausencias.

    Permanecemos en la sublime eternidad
    de este pequeño espacio que nos aísla del mundo
    para atraparnos en el mágico aroma de las aves,
    la primavera, la vida o de nosotros,
    y que se fragua en nuestra piel,
    como una historia de amor que se nutre
    de todas esos pequeños instantes
    en que hemos sido alas abiertas al viento.

    Ana Mercedes Villalobos

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    Son historias, son cuentos, es la vida
    que en sus páginas guarda cada tomo
    con sus nombres inscritos en el lomo

    relatos que se forjan a medida.

    A veces es un hada entremetida
    o tal vez la princesa con su gnomo
    un rey con su castillo y mayordomo,
    una novela amena y divertida.

    Sean rubias, morenas, pelirrojas
    tengan uno o varios ejemplares
    biografías, ensayos o memorias.

    No es poco incursionar entre sus hojas
    conocer y viajar a sus hogares
    caminar en vibrantes trayectorias.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Cómo un único pensamiento persistes en mí
    custodio de los anhelos
    que fueron sembrando el bosque de mis siglos.

    Porque es siglo cada segundo entre tus ojos y yo,
    entre tu rostro y mi mano que habla el idioma de tu piel,
    entre este corazón mío herido de infinito
    donde sólo cabes tú, polizón en todos mis viajes
    que me abandonan a tu orilla.

    Mi boca despierta
    en la perfecta correspondencia de tus besos,
    serenos, altaneros, traviesos,
    vida y muerte donde pasar la eternidad.

    Me hundo en ese gris profundo donde nace el arco iris,
    donde habita el más cálido silencio,
    en esa mirada tuya
    donde has sabido erigir mi hogar, nuestro hogar.

    No hace falta pronunciar los nombres
    ahora que hemos salido airosos de las sombras.

    Ana Mercedes Villalobos
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    En el espacio que hay entre tu piel y mi piel
    no caben los silencios.
    Apenas el gemido de la tarde que precede la tormenta
    y un hilo de luz que se refleja en el lago de tus ojos.


    Yo amo esa manera tuya de amarme
    cuando vistes mi soledad con tus besos,
    con tus alas extendidas hacia el horizonte
    en tu palabra donde nace la dulzura
    que mece mi corazón.


    ¡Si yo pudiera contenerte en el ardor de
    la distancia!


    ¡Si mi voz se hiciera transparente
    para arrullar tu alma!


    Me sobran los días que se resbalan por mis dedos
    y es allí, donde escucho tus latidos
    donde palpas mis caderas al pie de la tarde
    tan cálidas, tan anchas,
    donde esas manos tuyas me dibujan
    y ya no quiero que te vayas.

    Ana Mercedes Villalobos

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    En honor a Alejandra Pizarnik


    Sólo morir, ¡tan dolorida!
    con ese dolor que es puñal,
    afilada espada que te parte en dos.


    ¿Cuánto dolor puede caber en ese corazón?
    Callada, con o sin palabras eres tú.

    A la orilla del silencio, a la orilla de la vida.
    Contigo, con la otra que eras tú misma
    como un jardín en ruinas.


    “No hay una historia de amor sin amor”

    La esperanza se acaba, se deshace
    en la humedad de tus ojos, en la rebeldía de tus letras
    en el lugar en que todo sucede, en tu poesía.


    Allí tramaste tu muerte, oíste su voz junto al río.

    Ella te habló con su arpa y su vestido rojo,
    recitó tus poemas sin destinatarios,
    negándote la luz que tanto buscabas,
    en el mundo despoblado donde te sumerges.


    Te habló en el lugar del amor,
    abrazada a tus nostalgias, a tus miserias,
    en el tiempo que atraviesa los cuerpos.


    En tus poemas escritos en la piedra,
    a sangre y fuego, en ese dolor inacabable
    donde hallaste el motivo de tu muerte.


    ¡No escuchaste al poeta que te quería viva!

    Todo era oscuro, todo era silencio,
    no hubo alegrías en tus memorias,
    sólo ese espacio negro,
    donde te dejaste caer,
    en la espesura de la noche.


    “No quiero ir, nada más, que hasta el fondo.”

    Ana Mercedes Villalobos
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    Es la hora de los recuerdos

    del tiempo sin ti,
    de las noches de estrellas fugaces

    de deseos concedidos
    de correr las avenidas de los sueños.

    Noches de amor que compartíamos como niños,
    encendiendo la llama de un sentimiento
    que juramos permanecería
    eterno en nuestros corazones.


    Tu voz, tu aroma, tu piel,
    mis pechos sedientos que como un diluvio
    se ofrecían a tus labios sin recato
    con la ilusión de un amor que no sabía de heridas,

    de ausencias o de despedidas.


    Nunca quise que te fueras
    pero ya no contábamos los días

    en el mismo calendario
    que se llenó de ausencias.


    Ahora me gusta este silencio
    que me permite recrearme en la evocación,

    en la nostalgia, en pensamientos lejanos
    que ya no hacen resistencia
    y se diluyen como la gota de miel

    que alguna vez derramaste en mis labios.

    Ana Mercedes Villalobos
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    En este alboroto de ternuras
    en que se escriben nuestros besos,
    hilamos la historia de dos cuerpos
    mientras la luna blanquea sus siluetas.


    Nuestras pieles muy juntas
    tan llenas de nosotros,
    se funden de amor sobre esta tierra
    donde amarnos es ignorar la lluvia,
    es sentir la alegría de ese ardor tuyo y mío
    como el milagro de estar vivos,
    con tus manos y mis manos
    sosteniendo nuestro tiempo.


    O es ese amor sin horas que no se apaga nunca
    aunque los cabellos se salpiquen de nieve,
    como dos almas que se vuelven una
    al compás de una mágica melodía.


    O como la ternura que no da tregua,
    que nos convoca siempre a abrazar al universo
    y nos lleva a caminar de puntillas la vida
    hasta la misma eternidad.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Quizás sea esa fuerza disuasoria
    lo que nos ayude a caminar
    pero no a permanecer lejanos,
    a ser temerarios, a colgarnos de sus alas

    para no dejarla escapar, no otra vez!

    Tendrá que ser constancia,
    un permanente latido
    que se haga indestructible
    a pesar del hambre, la avaricia,
    lo imprevisto de la tormenta
    o la reminiscencia del trueno
    que desampara nuestra historia.


    No importa como llegues,
    no importa lo frágil que parezcas,
    aquí estaremos para auparte, para ayudarte,
    para levantarte y hacerte de nuevo nuestra,
    en una oportuna gestación del Universo.


    Ya no serás la dama ausente más bien
    la anhelada fuerza que nutra
    cada rincón de nuestra insaciable

    Tierra.

    Serás la Paz y finalmente
    reinarás eternamente,
    en un mundo
    que se reunirá en torno
    a tu cintura a adorarte.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Traspasé el umbral y - sin pensarlo -
    me arrojé a tus brazos,

    estrenando sentimientos que
    - en osada irreflexión -
    dejé caer sobre tu vientre.


    Paciente y generoso
    se abrió tu corazón para acogerme,
    te hiciste eco de mi voz guiando mis manos,
    desnudando palabras que vestí de letras
    abrasada en la llama que encendía mis dedos
    y cobijada en tu calor, fui azul recorriendo tus paisajes
    y sedienta de tí te llamé cielo,
    en la añoranza de una sola de tus lágrimas.

    La luna mi guitarra y tú me acompañaron
    al encuentro de ese amor
    que se asomó sin hacer ruido, cuando
    mi piel bajo tus besos se aferró a la noche.

    De pie bajo la lluvia fuí elevando mi vuelo
    para atravesar el silencio en el que la luna
    sonrió cerca de tu abrazo,
    allí soñé mil sueños en tus ojos y
    me llené de desconsuelo en la desnudez de un otoño
    que murió de sed en el atardecer.

    Voy desdibujando el rumor de mi ausencia
    entre tus manos, mientras
    en mis ojos repletos de mañana,
    comenzó octubre a levantarse.

    Oyendo la lluvia, voy sintiendo
    el cansancio que quiebra mis hombros,
    como presagio de esas manos náufragas
    que huían lejos, antes de mí.

    Sin ser poetisa escribí bajo la luz de las estrellas

    esperándote, día con día dejando que el silencio
    nos alcanzara, para amanecer entre tus besos.

    Y llegó tu carta de amor
    dedicada a la mujer que siempre fuí.

    Abril llegó entre las musas, hablando de poesía
    en esa geografía que imagino, salpicando la mañana
    de nubes, refugio del tiempo de un te quiero,
    en que nací entre tus manos.

    Desnudando palabras entre tu boca y la mía
    estoy aquí, en medio del deseo que me inflama
    aquí donde sueño mis sueños, en ese inexplicable
    momento en que la vida fue el aplauso de las ocho
    y nuestras manos dibujaban nuestras bocas
    inocentes de nosotros.

    Después quizás mañana
    cuando la lluvia inunde mi tristeza,
    serás mi hogar aunque las pieles pierdan su magia
    y el amor resulte traicionero,
    llegarán los requiebros,
    que como si fueran ciertos,
    nos aclararen los abismos con sus risas
    aunque el amor nos quede lejos.

    Prisionera de tus labios
    con mi cuerpo temblando de quererte,
    nos leemos como un poema
    cuando el amor es cuestión de piel
    y tus labios son mi fortuna.

    Llegó mayo y soñamos cada día
    sosteniendo tu nombre en mis labios,
    mientras la tormenta hablaba de nosotros.

    Con el tiempo apretado entre los labios
    jugamos al amor y llegó la primavera
    a besarnos, mientras caminamos de espaldas al sol.

    Estando ausente, recordé el roce de tus manos
    que ocasionaron tanto, tanto naufragio
    en nuestro ahora,
    pero mi piel contra tu piel
    me hizo pensar que hoy tengo ganas de extrañarte
    y que si pudiera, buscara a un loco enamorado
    que me quitara las nostalgias
    y me abrazara hasta convertirme en poema.

    Tenue llegaron los anhelos
    por esa vieja canción, tú y yo,
    como un esbozo en blanco y negro
    para decirte que te quiero prometiendo
    amarte después del amor sin soledades,
    sin despedidas, quiero estar donde tú estés
    y dormir contigo con tu risa arrimada a mi costado.
    mientras los sueños nacen la alborada.

    Finalmente fue otoño y quemamos los silencios
    entre nardos y tulipanes,
    había ¡tanto de extrañarte en ese anhelo!
    Nosotros, irreverentes,
    nos ofrecimos una dosis de ternura,
    para volver sobre los versos de un poema enamorado
    o de una inspiración de una noche entre tus brazos
    con ese vértigo del eco y el silencio,
    en la mínima memoria de un río sin cauce.

    Y quedaron los besos pendientes en el brillo
    de tus ojos que perfumaron los instantes de ser así,
    el momento perfecto para amarte
    y seguirte amando mientras inventábamos el amor
    de nuevo, como una postal a la nostalgia,
    llenando de espuma las miradas,
    mientras la vida nos invita a disfrutar de la luna de agosto
    que entre tu rodilla y mi rodilla,
    le dió color a la ilusión.

    En el brevísimo instante de tu risa,
    entre fresas e ilusiones, me llega el aroma de tu piel
    como antes, como cuando escribimos esa tonta historia de amor.
    Acurrucada a tu costado,
    entre el vértigo y el temblor de una mirada
    quedábamos nosotros y ya no estamos.

    Y ahora que se acerca la Navidad
    se hace inminente el momento de tu partida

    hacia el año que amanece horadándome la piel.

    En tus ojos que son mi remanso quedan mis labios

    llenos de nostalgias con mis besos apretados en tus mejillas,
    que desahuciados se pasean por la plaza de los sueños
    en cada primavera.

    Tú que en todas las formas te recuestas en mi piel,
    haces de tu ausencia un efímero momento
    de esos, que en dulce aroma
    se van fundiendo en el fulgor de una mirada,
    cuento las horas hasta el alba vaciando mi tintero
    y no es que se no se haga costra la garganta
    en algún silencio que no encuentre salida.
    pero en ti se quedan las palabras, mi poesía,
    el beso que me diste y hasta la rosa que
    sostienes en tus manos,
    siempre tú conmigo,
    dejando que tus dedos nazcan en mi espalda,
    ainn cuando cayeron los besos desde los balcones
    en una oración que hicimos desde el silencio.

    03 de Abril de 2.021
    A cuatro años de aquella primera vez
    agradeciendo, compartiendo entre poesías.


    Ana Mercedes Villalobos
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    PD: Este poema es un compendio de todos los títulos de los trabajos que había publicado
    hasta la fecha aquí en el foro. Por eso a lo mejor hay cosas que no cuadran mucho.
    Gracias:)
    ;)

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