danie
solo un pensamiento...
Yo, soy…
el viudo hidalgo de Transilvania,
el tenebroso conde, ya, sin consuelo,
el que acompaña al macilento laúd de la morriña
porque su estrella ha caído del cielo.
Porque el sol decanta para siempre
entre los senos de la muerte…
Porque los valles con fuego dorado
se apagan en la sombra del preludio eterno.
Yo, soy el hombre con rostro borroneado
por las lágrimas del tiempo…
Yo, soy un Drácula sin colmillos
que sólo se alimenta de larvas e insectos,
de carroñas y de la miseria del lamento,
que no puede beber más de tu dulce vino del encuentro.
Yo, soy el vigilante de tus noches inmortales,
de los sucesos de los ocasos y los plenilunios,
atisbos de un Dios sin credo,
de alboradas de un recuerdo
dilapidadas en el epitafio de la mente.
El sepultador de un corazón devoto y enfermo,
el que doblega la sangre del Aqueronte
y recorre los sueños de Orfeo;
buscando siempre tu pálida sombra,
tu rostro níveo en mi reflejo.
Yo, te he buscado en la gruta de los Dioses interfectos,
en los cielos y su llanto de crisantemos,
también me he postrado al dolor del óbito y su averno…
Yo, soy el que decididamente se bate a duelo con Hades
por tener una vez más tu cuerpo.
el viudo hidalgo de Transilvania,
el tenebroso conde, ya, sin consuelo,
el que acompaña al macilento laúd de la morriña
porque su estrella ha caído del cielo.
Porque el sol decanta para siempre
entre los senos de la muerte…
Porque los valles con fuego dorado
se apagan en la sombra del preludio eterno.
Yo, soy el hombre con rostro borroneado
por las lágrimas del tiempo…
Yo, soy un Drácula sin colmillos
que sólo se alimenta de larvas e insectos,
de carroñas y de la miseria del lamento,
que no puede beber más de tu dulce vino del encuentro.
Yo, soy el vigilante de tus noches inmortales,
de los sucesos de los ocasos y los plenilunios,
atisbos de un Dios sin credo,
de alboradas de un recuerdo
dilapidadas en el epitafio de la mente.
El sepultador de un corazón devoto y enfermo,
el que doblega la sangre del Aqueronte
y recorre los sueños de Orfeo;
buscando siempre tu pálida sombra,
tu rostro níveo en mi reflejo.
Yo, te he buscado en la gruta de los Dioses interfectos,
en los cielos y su llanto de crisantemos,
también me he postrado al dolor del óbito y su averno…
Yo, soy el que decididamente se bate a duelo con Hades
por tener una vez más tu cuerpo.
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