Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En el crisol de la existencia, entrelazado
entre sombras y luces, emergen preguntas.
Soy el eco de una risa, un susurro olvidado,
un destello fugaz, la estrella que apunta.
En el vasto cosmos, en la íntima mirada,
me desdibujo y me encuentro, me pierdo y me hallo.
Soy el viento errante, la hoja liberada,
el tiempo que se escurre, el infinito ensayo.
Soy todo en un instante, un universo cerrado,
donde los sueños nacen y se disuelven.
Soy nada, el vacío, un espacio no habitado,
una gota en el océano donde las vidas se envuelven.
Soy el silencio que grita, la palabra callada,
la música invisible que en el aire se queda.
Soy el camino sin fin, la senda olvidada,
la pregunta eterna que al final se enreda.
En cada reflejo, en cada sombra y luz,
habito en el ser que nunca se define.
Soy el todo y la nada, el destino y la cruz,
la esencia del ser que en su propia red se afine.
entre sombras y luces, emergen preguntas.
Soy el eco de una risa, un susurro olvidado,
un destello fugaz, la estrella que apunta.
En el vasto cosmos, en la íntima mirada,
me desdibujo y me encuentro, me pierdo y me hallo.
Soy el viento errante, la hoja liberada,
el tiempo que se escurre, el infinito ensayo.
Soy todo en un instante, un universo cerrado,
donde los sueños nacen y se disuelven.
Soy nada, el vacío, un espacio no habitado,
una gota en el océano donde las vidas se envuelven.
Soy el silencio que grita, la palabra callada,
la música invisible que en el aire se queda.
Soy el camino sin fin, la senda olvidada,
la pregunta eterna que al final se enreda.
En cada reflejo, en cada sombra y luz,
habito en el ser que nunca se define.
Soy el todo y la nada, el destino y la cruz,
la esencia del ser que en su propia red se afine.