Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Yo pude amarte.
Con la fe sucia de quien se arrastra por dentro,
con el estómago vacío y el corazón lleno de perros.
Pude haberte amado con la torpeza de mis días rotos,
con los bolsillos sin sueños
y el alma llena de ti.
Pude amarte como se aman los locos,
con cartas que nunca se escriben
y caricias que tiemblan de miedo.
Pude haberte besado cada herida
y decirte: “Aquí estoy, no te vayas”,
aunque yo mismo quería huir de mí.
Pero tú tenías alas,
y yo, cadenas.
Tenías planes,
y yo… apenas el hoy.
Tú eras luz que dolía en los ojos,
yo, sombra que pedía permiso para existir.
Pude amarte, sí.
Pero no quise morirme otra vez por alguien
que no sabía quedarse.
No quise volver a armarte con mis pedazos
ni esperar a que te doliera perderme.
Ahora duermes en algún pecho que no es el mío.
Y yo… yo sigo escribiéndote,
como si este poema
fuera una forma digna de olvidarte.
Con la fe sucia de quien se arrastra por dentro,
con el estómago vacío y el corazón lleno de perros.
Pude haberte amado con la torpeza de mis días rotos,
con los bolsillos sin sueños
y el alma llena de ti.
Pude amarte como se aman los locos,
con cartas que nunca se escriben
y caricias que tiemblan de miedo.
Pude haberte besado cada herida
y decirte: “Aquí estoy, no te vayas”,
aunque yo mismo quería huir de mí.
Pero tú tenías alas,
y yo, cadenas.
Tenías planes,
y yo… apenas el hoy.
Tú eras luz que dolía en los ojos,
yo, sombra que pedía permiso para existir.
Pude amarte, sí.
Pero no quise morirme otra vez por alguien
que no sabía quedarse.
No quise volver a armarte con mis pedazos
ni esperar a que te doliera perderme.
Ahora duermes en algún pecho que no es el mío.
Y yo… yo sigo escribiéndote,
como si este poema
fuera una forma digna de olvidarte.