IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Allí,
donde la vida pueda alcanzar un mañana,
se contentan las promesas, por ser día,
se lamentan las verdades, por ser noche,
allí,
donde las olas nos hunden,
debajo del mar, debajo de la mente,
templo circular,
de clamores circundantes,
teme cualquier huida de ser apreciada,
por su error,
por el dolor interno en el viento,
de esos sollozos que se escuchan
entre el silencio,
de corazón hecho ruido,
de gemir solemne,
y esos gritos
circundan las cimas más imposibles,
buscando momentos de calma,
pero la soledad nunca unió,
la soledad se planta como arco,
flechando al ser que se aprecie fuera de sí,
con un amor de sombra,
de horror doloroso,
arrodillados ante la belleza,
de un poder perfecto,
cuando la imaginación bebé sedienta,
de su sensual materialidad,
y nos condenan,
aún más frágiles,
con nuestras almas desnudas.
donde la vida pueda alcanzar un mañana,
se contentan las promesas, por ser día,
se lamentan las verdades, por ser noche,
allí,
donde las olas nos hunden,
debajo del mar, debajo de la mente,
templo circular,
de clamores circundantes,
teme cualquier huida de ser apreciada,
por su error,
por el dolor interno en el viento,
de esos sollozos que se escuchan
entre el silencio,
de corazón hecho ruido,
de gemir solemne,
y esos gritos
circundan las cimas más imposibles,
buscando momentos de calma,
pero la soledad nunca unió,
la soledad se planta como arco,
flechando al ser que se aprecie fuera de sí,
con un amor de sombra,
de horror doloroso,
arrodillados ante la belleza,
de un poder perfecto,
cuando la imaginación bebé sedienta,
de su sensual materialidad,
y nos condenan,
aún más frágiles,
con nuestras almas desnudas.