poetakabik
Poeta veterano en el portal
No somos esta carne que se nombra
ni el gesto que el espejo nos devuelve;
somos apenas luz entre la sombra,
un leve amanecer que viene y vuelve.
Vivimos aferrados a la vida
como náufragos tristes en la orilla,
y al fin todo se suelta, y la caída
resulta ser tan dulce… tan sencilla.
Qué inútil tanto afán, tanta memoria,
guardar rencores, culpas y equipaje;
si al término callado de la historia
cabemos en un soplo del paisaje.
La vida es eso: un préstamo del viento,
un patio donde juegan los recuerdos,
un vaso de agua tibia, un sentimiento
que tiembla entre las manos y los dedos.
Después… nada.
Y ese nada no duele.
Es como cuando el niño se ha dormido
y apaga su juguete sin tristeza;
como cerrar los ojos, ya vencido,
y hallar en el silencio la pureza.
Tal vez perder el nombre sea un descanso,
quedarse sin “yo”, sin miedo, sin medida;
quedarse sólo amor, latido manso,
como una tarde azul que se despida.
Si todo ha de borrarse, no me aflijo:
me basta haber mirado tu ternura,
haber sido tu sombra, tu cobijo,
tu pan, tu risa clara y tu locura.
Porque al final —lo sé— cuando me vaya,
no quedará mi voz ni mi destino…
pero habrá sido hermoso el mar, la playa,
y este pequeño andar por tu camino.
Y eso... eso me basta.
ni el gesto que el espejo nos devuelve;
somos apenas luz entre la sombra,
un leve amanecer que viene y vuelve.
Vivimos aferrados a la vida
como náufragos tristes en la orilla,
y al fin todo se suelta, y la caída
resulta ser tan dulce… tan sencilla.
Qué inútil tanto afán, tanta memoria,
guardar rencores, culpas y equipaje;
si al término callado de la historia
cabemos en un soplo del paisaje.
La vida es eso: un préstamo del viento,
un patio donde juegan los recuerdos,
un vaso de agua tibia, un sentimiento
que tiembla entre las manos y los dedos.
Después… nada.
Y ese nada no duele.
Es como cuando el niño se ha dormido
y apaga su juguete sin tristeza;
como cerrar los ojos, ya vencido,
y hallar en el silencio la pureza.
Tal vez perder el nombre sea un descanso,
quedarse sin “yo”, sin miedo, sin medida;
quedarse sólo amor, latido manso,
como una tarde azul que se despida.
Si todo ha de borrarse, no me aflijo:
me basta haber mirado tu ternura,
haber sido tu sombra, tu cobijo,
tu pan, tu risa clara y tu locura.
Porque al final —lo sé— cuando me vaya,
no quedará mi voz ni mi destino…
pero habrá sido hermoso el mar, la playa,
y este pequeño andar por tu camino.
Y eso... eso me basta.
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